Calladita estás más guapa

Desde que su marido, albañil de profesión, le ordenara callar que “calladita estás más guapa”, Dolores decidió a partir de entonces guardar silencio por tiempo indefinido. En ausencia del borracho de su cónyuge, solía mirarse distraídamente al espejo hasta descubrir un día por sorpresa que su perenne silencio doméstico no sólo beneficiaba a la tersura de su cutis, sino que además, las escasas patitas de gallo en el extremo de sus ojos verdes iban desapareciendo paulatinamente a la par que su hirsuto cabello mostraba poco a poco un sedoso brillo inimaginable, mientras que las comisuras de los labios se habían vuelto firmes y que la incipiente sotabarba de la que siempre se arrepentía, desaparecía con el paso del tiempo. En definitiva, estaba rejuveneciendo por momentos.

Finalizada su jornada laboral, la presencia del albañil en casa sólo obedecía a las ganas de comer y al sueño. El resto de su tiempo libre, mientras Dolores permanecía todo el tiempo en silencio y encerrada en casa,  su marido lo pasaba bebiendo y jugando al mus en Casa Pepe. Cuando por fin regresaba borracho a su domicilio, lo hacía para meterse directamente en la cama y/o para, en ocasiones, saciar su escaso apetito sexual sobre su mujer inerte y silenciosa; un encuentro que nunca solía durar más de dos o tres escasos minutos.

La metamorfosis física que se operaba en Dolores resultaba tan rápida que su marido, por lo regular siempre borracho, parecía ser el único en no darse cuenta de ello. Aprovechando la larga ausencia diaria por razones de trabajo de su esposo, Dolores comenzó a cultivar su lenguaje en clases particulares de dicción, a conjugar los verbos de manera prolija y eficiente, a comprender el valor que alcanzaban las metáforas en la narración literaria, a ampliar el vocabulario hasta límites insospechados y  ya una vez en poder de todo ese bagaje intelectual y cultural, mientras en casa continuaba pasando por monja de clausura, se prometería acudir al bufete de un conocido abogado del barrio para tratar de tramitar un divorcio en las mejores condiciones posibles para ella. Poco tendrían que repartirse como no fuera el valor catastral del piso en que vivían ya que ni siquiera habían tenido ahorros ni hijos que custodiar.

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Esperó en vano en casa la llegada del albañil esa tarde. Una inusual llamada telefónica al fijo la sorprendió para informarle, no sin cierta gravedad, de parte de Construcciones Prado, de que, lamentablemente, su marido había fallecido al precipitarse al vacío desde lo alto de un andamio mientras revocaba una fachada. El parte médico, entre otras cosas, certificaba que en el momento del óbito, el albañil se encontraba bajo los efectos del alcohol.

Cuando el letrado vio entrar en su bufete a aquella hermosa mujer, de nombre Dolores, nunca creyó que pudiera manejar con aquella facilidad un lenguaje tan elegante como el que ahora estaba escuchando y que de manera tan amable le exigía risueña el compromiso de, a pesar de todo,  interceder en intentar la difícil tramitación que supondría el divorcio post mortem de su marido fallecido, precisamente ayer, y con el que nunca debió haber querido tener vinculación de ninguna clase a pesar de haber también conseguido a su costa rejuvenecer con la  rapidez con que lo había hecho últimamente y, con toda seguridad, muy a pesar del propio difunto, q.e.p.d.

zoilolobo@gmail.com

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