Arde París

¿Cómo ha podido ser pasto de las llamas durante unas obras?

Foto: Redes Sociales (Twitter-Facebook-Instagram).

¿Arde París? Fue lo primero que me pregunté al ver en la televisión el pavoroso incendio ocasionado en la catedral de Nôtre Dame de París. Precisamente veía la tele en ese momento porque, curiosamente, la torre de mi ordenador había dejado de funcionar, presumiblemente, mientras la elevada aguja sobre la intersección de las naves  del crucero se venía abajo envuelta en llamas. Toda una premonición.

Todos aquellos que hemos estudiado Historia del Arte sentimos un gran afecto por esa catedral en concreto. Por su mesurada y sobria arquitectura, por la literatura generada, por su historia y, sobre todo, por cuanto significa para el mundo católico en general. No en vano, Francia dispone de un patrimonio catedralicio de muchísimo interés como son las catedrales de Amiens, Reims, Chartres, Bourges, etc.

Sin embargo, un monumento de tan singular carácter arquitectónico, además de religioso, de la soberbia categoría de Nôtre Dame ¿Cómo ha podido ser pasto de las llamas durante unas obras de remodelación de su cubierta sin tener en cuenta el alto riesgo que implica la manipulación de cables eléctricos, soldaduras, etc.? De haber sido una negligencia por parte de los restauradores, ello pone de manifiesto que sus técnicos asesores no han estado a la altura que se precisa para tamaña empresa.

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Siendo aún yo muy joven, el profesor preguntó a un compañero de clase por las características y el estilo de la catedral de Nôtre Dame. Sin saber muy bien que responder, el colegial sólo atinó a contestar que era gótica por dentro y de piedra por fuera, lo que provocó la risa de toda la clase, incluido el profesor. Pero, en verdad, no le faltaba razón, por lo menos en parte, porque, efectivamente, por fuera es de piedra y quizá, gracias a esa oportuna particularidad, la catedral francesa no ha sufrido daños todavía mucho mayores.

Conociendo a los franceses y a su consideración propia sobre la grandeur, resulta muy probable que merced a las donaciones prometidas por grandes empresarios y riquísimos mecenas, Nôtre Dame pueda resurgir al fin de sus cenizas en un periodo breve de tiempo, sin contar con la opinión que a los chalecos amarillos puedan merecerles esos cientos de millones destinados a sufragar obras de arquitectura y no para mejorar las condiciones de vida que con tanta vehemencia vienen reclamando. Aunque, quizá, ellos hagan de la llamada grandeur un acto supremo de benevolencia en favor de un símbolo tan francés como Nôtre Dame.

zoilolobo@gmail.com

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