Covid, no eres digno de entrar en mi casa

¡Te odio, covid-19! ¡No eres digno de entrar en mi casa!

Atrás han quedado los tiempos aquellos en que los conceptos de compañerismo y camaradería iban también acompañados del gesto que hoy ha terminado por arrebatarnos el covid-19. Gestos como el de estrecharnos las manos, el beso en la mejilla, el abrazo, los golpecitos en la espalda, el brazo sobre el hombro o en torno a la cintura, el cogerse de la mano los niños mientras juegan y del brazo entre las viejas amigas mientras pasean, etc. Todo ello se ha perdido para caer en la realidad virtual que nos ofrece a cambio la pantalla siempre iluminada de nuestro imprescindible móvil pero que, a pesar de todo, nos permite el mínimo de fraternidad necesaria como para seguir conservando las amistades de toda la vida y continuar albergando esperanzas de que todo esto pueda acabar de una vez cuanto antes.

Es curioso comprobar el miedo que suscita en la gente la presencia invisible del coronavirus. No ya sólo por el peligro que entraña en sí, sino por la capacidad de reacción que todos creemos que pueda tener para la represalia personal. A nadie se le ocurre insultarlo ante el temor de que se trata de un ente que elige cuidadosamente a sus víctimas; y de ahí el respeto inútil que le guardamos a pesar de considerar de que se trata de un virus traidor que ataca, sobre todo, aprovechando no sólo los lazos de amistad que unen a los humanos entre sí, sino también el riesgo que sabe que corren todos aquellos que por su avanzada edad, resultan los más vulnerables.

Me he atrevido a insultarle porque es lo mínimo que a nivel personal puedo hacer para mantener la conciencia tranquila. El insulto como escudo protector resulta muy benefactor para la salud mental, por cuya razón quiero poner en su conocimiento que me parece un virus asesino, degenerado donde los haya y con un insaciable apetito de mortandad entre todos nosotros, pero que no podrá contra todos aquellos que, tarde o temprano, desde lo más profundo de un laboratorio bien iluminado, culminarán con el descubrimiento de una vacuna que la humanidad celebrará cuando contrarreste tu criminal ataque gratuito e indiscriminado y tengas que pagar por todas aquellas vidas que te has llevado por delante sólo por el gusto de darles muerte de manera inmisericorde.

Ya sabemos que intentarás volver cada año, pero para entonces te estaremos esperando con la jeringa en la mano, preparados del todo, sin poder aferrarte, como hicieras antaño, a nuestros pulmones sanos porque habremos encontrado la solución infalible con la que te daremos muerte de forma inmediata nada más entrar en nuestro organismo y lo celebraremos gozosos con los besos y abrazos que quedaron pendientes durante aquella pandemia de triste recuerdo y que pasará a la historia con tu maldito nombre mancillado con el triunfo de la ciencia sobre tu virulencia.

Habrás sido invisible para todos nosotros, los afectados, pero no para aquellos que te habrían localizado a través del microscopio hasta conseguir darte muerte.

zoilolobo@gmail.com

Licenciado en Historia del Arte y Bellas Artes

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