Dieta mediterránea

Cuál será el futuro de nuestra exquisita dieta mediterránea

Para los representantes de Vox cualquier oportunidad resulta buena para hacerse notar. Esta vez han aprovechado la manifestación de los agricultores en Madrid con la intención, según ellos, de ayudar desinteresadamente en sus reivindicaciones para, finalmente, tenerse que marchar con el rabo entre las piernas a petición de los propios manifestantes. El ministro de agricultura, por su parte, ya ha anunciado distintas entrevistas con los responsables del sector (intermediarios, grandes superficies, transportistas, etc.,) para tratar de alcanzar un acuerdo entre todas las partes, mediante el cual y a petición de los propios productores, se establezca un precio mínimo para todos y cada uno de los productos del sector a partir del que se podría especular con el beneficio de terceros, pero, -y aquí reside el problema-, nunca a cargo del consumidor como siempre ha venido ocurriendo en estos casos.

Los agricultores han sido siempre los últimos en salir beneficiados de las ayudas que establece la Unión Europea y perjudicados por la desidia de las administraciones del estado en cuestiones de política agraria. Cuando la gente del campo abandonó la agricultura para sumarse a la llamada revolución industrial, aprendieron muy pronto la lección de lo que significaba sentirse abandonados por las políticas de su gobierno, de manera que se organizaron convenientemente para reclamar las ventajas de las que hoy disfrutan en el sector industrial vinculado al automovilismo, altos hornos, astilleros, minería, etc.

Sin embargo, todos aquellos que todavía manipulan la naturaleza, que incluso cambian el paisaje para dar de comer al resto, les ha costado mucho levantar cabeza por muy distintas razones. Los tan discutidos aranceles, por ejemplo, las cuotas de producción agraria, la importación de productos de otros países competidores, etc.,

Por muy distintas razones que ahora no vienen al caso, los consumidores se ven abocados a caer en las redes de las grandes superficies de venta, quienes imponen sus criterios en favor de su propio beneficio, de manera que el pequeño comercio de barrio donde podíamos adquirir productos prácticamente sin intermediarios, lo que además redundaba en el precio asequible para el consumidor, ha ido desapareciendo con el tiempo para perjuicio de todos y, cuando digo de todos, me refiero al productor, al vendedor, al transportista y, por último, al cliente.

Al parecer, esto tiene vías de solución que satisfaga a todos por igual, pero de lo que no cabe duda es que todos los intermediarios que intervienen en este tipo de operaciones agrícolas, han de mirar por los intereses de quienes nos dan de comer a diario que, al fin y al cabo, son los más perjudicados de la situación que estamos viviendo de incertidumbre, debida entre otras al Brexit, a las políticas arancelarias del presidente Trump y, por último, a la situación que está viviendo China como consecuencia de coronavirus.

¿Cuál será entonces el futuro de nuestra exquisita dieta mediterránea de la que tan orgullosos nos sentimos? Esperamos que, aunque solo sea por el bien de nuestra salud, lo que no es poco, y para contento de los agricultores que, insisto, nos dan de comer cada día a precios aún razonables, el problema se solucione cuanto antes.

zoilolobo@gmail.com

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