El Barça no es más que un club

El pasado sábado tuve la magnífica ocasión de disfrutar con la victoria del F.C. Barcelona contra el modesto Eibar, en cuyo transcurso el magnífico jugador que es Messi marcaría, nada menos, que cuatro goles. Hacia el final del encuentro y habiéndose ya efectuado los cambios que permite el reglamento, bajo la emoción contenida por mí, se escondía sin embargo la amarga decepción de comprobar que el Barça jugaba sólo con extranjeros. Ningún español, ningún catalán y lo que me parece peor de todo, ninguna joven promesa de La Masía.

De manera que esa mítica frase hecha que dice “El Barça es más que un club”, me parece una falacia sin precedentes en el seno de la identidad de un club que, precisamente, insiste en el compromiso ofrecido a la cantera de La Masía, como es el caso del propio F.C. Barcelona, pero a la que no se le otorga  oportunidad alguna de demostrar lo aprendido en materia futbolística, dando lugar a que los equipos con más poder adquisitivo hagan caso omiso de la participación de los jóvenes por poder permitirse el lujo de invertir para tratar de contar entre sus filas con las máximas estrellas del futbol mundial en detrimento de las juveniles promesas.

Acabado ya el encuentro con el resultado que todos ya conocemos, desde mi propia perspectiva caí en la cuenta de que me podría haber alegrado y emocionado de igual modo si en lugar del Barça, el ganador hubiera sido el Liverpool, el Manchester, el Milán o cualquier otro de los equipos europeos que mejor fútbol practican.

Esta profesionalización del fútbol ha dado lugar a una liga que, en muchas ocasiones, deja mucho que desear por cuanto todos los aficionados somos ya conscientes de que mayores oportunidades han de tener aquellos equipos económicamente más fuertes. Por ello no es de extrañar que, salvando algunas encomiables excepciones, tanto la liga como otras competiciones internacionales sean ganadas siempre por los mismos: Real Madrid o F.C. Barcelona.

Reconozco que deporte y política no convendrían mezclarse porque en el caso del F.C. Barcelona, entidad plagada de excelentes jugadores foráneos, no debiera darse nunca un compromiso tan descarado en la defensa de la identidad deportiva de Cataluña cuando sus jóvenes promesas continúan prácticamente secuestradas en lo que se habría convertido para ellos La Masía, donde otrora se incubara el germen del fútbol base contemporáneo.

Ese detalle lo han tenido de siempre muy claro en Euskadi, dónde el Bilbao C.F., por ejemplo, no acaricia exclusivamente el hecho de ganar todos los títulos en disputa si no es con el concurso de todos y cada uno de los miembros de una cantera joven, prometedora y sólida que aporta identidad propia al equipo al margen de ser por tradición heredada, el genuino representante deportivo de todo un pueblo.

Si hay algo que reprochar es que la calidad del deporte en general, se encuentra bajo la nefasta influencia que rige en los beneficios de las millonarias inversiones, es decir, en el negocio. Sí las oportunidades de carácter económico fueran las mismas para todos los clubs adscritos a la Federación Española de Fútbol, quizás disfrutaríamos de una liga mucho más reñida, emocionante y justa que la que ahora tenemos.

zoilolobo@gmail.com

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.