Españoles, Franco ha muerto

Estatua de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, en Sevilla. El apodo de “Cid” se aplicaba a algunos caudillos cristianos durante la Reconquista./JaimePF55.
Estatua de Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid Campeador, en Sevilla. El apodo de “Cid” se aplicaba a algunos caudillos cristianos durante la Reconquista./JaimePF55.

Franco fue enterrado cuando su acta de defunción certificaba que ya había fallecido. Desde entonces todo el mundo ha sabido siempre donde se encontraba su tumba y ahora que su cadáver será próximamente exhumado del Valle de los Caídos, todos queremos seguir sabiendo donde y en qué lugar volverá a ser de nuevo sepultado: unos para continuar rindiéndole homenajes y otros para evitar que estos se produzcan. Mientras tanto y a la espera de la Ley de la Memoria Histórica, muchos cadáveres todavía anónimos continúan ignorados en lugares tan poco comunes donde sólo florecen las malvas, sin embargo todavía perviven en la memoria de amigos y familiares que nunca les olvidaron pese a la larga y férrea dictadura que padecieron por culpa del que hoy es propietario de más de un sepulcro donde elegir y continuar descansando eternamente a su antojo.

Nunca en la España del siglo XX un cadáver fue cuidado con tanto mimo y rigor científico como para que a estas alturas se esté todavía trajinando tanto con él sin que consiga descomponerse.

A finales del siglo XI, don Rodrigo Díaz de Vivar, alias El Cid, no sólo fue capaz de cabalgar sobre Babieca en pie de guerra por el Este de la península después de muerto sino que aún en tal estado conseguiría vencer a los pocos pero sanguinarios enemigos que ya le quedaban durante La Reconquista, gestas las suyas que darían lugar a una extraordinaria obra poética como es “El Cantar del Mío Cid”. Al General Franco, ni siquiera un verso.

zoilolobo@gmail.com

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