Espionaje

Tratar de desentrañar todo el entramado político-económico-sentimental que rodea a las relaciones mantenidas otrora entre el rey emérito Juan Carlos I y la bella princesa-cortesana Corinna no parece tarea fácil pero a tenor de las confesiones telefónicas vertidas por ésta y presumiblemente obtenidas sin su consentimiento por el inspector Villarejo, parece natural y lógico que el CNI se haya decidido a tomar cartas en el asunto dado el cariz que han ido tomando los acontecimientos, hasta el punto de llegarse a sospechar que tras tales desafortunadas declaraciones y a despecho de un desgraciado amor frustrado hayan podido estar llevándose a cabo tareas de auténtico espionaje en favor de otros países vecinos y que comprometerían seriamente a nuestra Seguridad Nacional. En tal sentido, el director del CNI, Felix Sanz Roldán, se lo habría tomado como un verdadero asunto de estado que, de ser así, resultaría prácticamente imposible hacerlo público y transparente como sería deseable.

Sin embargo sí que han existido incidentes similares. Recordemos que en 1963, en el Reino Unido, las relaciones habidas entre el ministro de la guerra, John Profumo, casado, con título nobiliario y la corista Christine Keller, protagonizaron un escándalo amoroso que logró tumbar a un gobierno conservador en plena Guerra Fría. Al parecer, ella también se acostaba en la misma época con un agregado naval de la embajada de la URSS, a la sazón espía soviético.

Profumo fue pillado en peligrosas aventuras de cama pero lo peor es que acabó mintiendo en la Cámara de los Comunes y eso, precisamente, le costó el puesto.

En cualquier caso, muchos artistas aprovecharon el incidente protegidos, claro está, por la libertad de expresión que siempre ha caracterizado a los británicos y se pusieron rápidamente manos a la obra en sus respectivas y distintas disciplinas artísticas. Creo incluso recordar que la silla en la que se sienta Christine en la foto es un diseño del momento.

Pauline Boty también contribuyó con un cuadro al que bautizó con el nombre de Scandal 63, inspirado, naturalmente, en el llamado caso Profumo.

¿Habría tolerancia para los artistas españoles en caso de representar las veleidades del Rey emérito en sus respectivas obras?

zoilolobo@gmail.com

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