Esta boca es mía

No sé cómo explicar la animadversión que me produce tener que asistir a votar al menos incapacitado de cuantos líderes políticos de otros tantos partidos que se postulan para el triunfo, exultantes del éxito que, según cada uno de ellos, les depara las inminentes elecciones. Todos desconfían entre sí, pero cada uno de los candidatos nos hace creer a los demás en la absoluta confianza en la victoria, la que se supone hemos de ofrecerle todos y cada uno de los que tenemos decidido asistir a ese próximo sufragio por el bien de nosotros mismos, aunque luego las promesas colocadas hábilmente en el anzuelo del programa electoral nos las hemos de tragar sin ni tan siquiera tener derecho a exclamar ¡esta boca es mía!

Las encuestas no vaticinan una mayoría absoluta a ninguno de los dos bloques (derechas e izquierdas), lo que hace mucho más difícil una predicción de coaliciones que suponga una ventaja para los más desfavorecidos. Sin embargo, la propaganda electoral se ha preocupado de crear entre todos nosotros la necesidad moral de asistir a votar para no vernos perjudicados, según dicen, por la desventaja que, sobre todo para la izquierda, supone casi siempre la abstención, creando hábilmente, de este modo, un profundo sentimiento de culpa en el ciudadano que le mueve, aún contra su voluntad, a plantearse emitir un voto del que ni siquiera se siente responsable de que alcance el propósito original de hacer presidente a su candidato particular.

Según la opinión de la derecha en general, la exhumación de Franco de Cuelgamuros no ha beneficiado en nada la reconciliación prevista y definitiva entre los españoles. Sin embargo, deberían de saber que sólo se ha llevado a cabo la parte más fácil de lo que prevé la Ley de Memoria Histórica, de manera que aún tendrán que sufrir la afrenta que supone, en contra de los deseos del PP, Cs y Vox, desenterrar de las cunetas y fosas comunes, los miles de cadáveres que aún permanecen en ellas y que darían testimonio a la verdadera voluntad de sus familiares de afrontar, de una vez por todas, el encuentro y sepultura digna para sus seres más queridos. Y en eso sólo hay dos grandes partidos sumamente interesados en ello, ambos naturalmente, de izquierdas: PSOE y Unidas Podemos.

En cuanto a todo lo que ocurre en Cataluña, los problemas resultan aún más complejos si cabe, aunque en relación a un posible indulto por parte del próximo gobierno que salga elegido de estas elecciones sólo se advierten conjeturas. Desde luego que la derecha no parece estar por la labor y en cuanto a la izquierda, el PSOE podría hacerlo, pero no parece posible que los responsables del procés encarcelados admitan de buen grado tal indulto porque de aceptarlo, sería tanto como legitimar el delito por el que han sido procesados.

En cualquier caso, parece natural que el electorado en general sienta una apatía general en asistir a votar, sobre todo en Cataluña, dónde los CDR anuncian manifestaciones ante los colegios electorales que a buen seguro desencadenaran serios conflictos y enfrentamientos con los votantes. Espero y deseo que, – si además de la mencionada dichosa apatía, sumadas a ella la desidia y la animadversión que se ha de sufrir para cumplir con el trámite-, los miembros de los CDR no nos lo intenten impedir por la fuerza.

zoilolobo@gmail.com

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