Falta de experiencia

La derecha española no sabe lo que hacer con el taburete de diseño de tres patas del que me hacía eco ayer en el último de mis artículos. Si bien -y seguro que a buen criterio- el señor Ortega Smith llegaría a considerar el diminuto asiento como el ideal e imprescindible a la hora de ordeñar la vaca, aunque también es cierto que se aventuraría a afirmar que: “O mamamos todos de la misma teta o rompemos el taburete”.

Ante tamaña disyuntiva, el señor Abascal que por lo que se supone ha tenido un estimulante pasado profesional intensamente ligado al sector agropecuario, habría encargado a su compañero Ortega Smith que, para empezar, se desplazara lo antes posible con el taburete hasta el establo y resolviera de inmediato ordeñar la vaca, en previsión de que tanto Pablo Casado como Albert Rivera pudieran adelantárseles con ordeñadoras mecánicas para el ganado lechero y la dejaran seca.

Ortega Smith, en beneficio de su propio partido, no lo dudaría ni un instante y obedeciendo firmemente la orden cursada por su jefe, partió raudo, taburete en una mano y en la otra un cubo de zinc de generosas proporciones. Mientras tanto, el señor Abascal mantendría entretenidos a sus socios, solicitándoles que cumplieran de inmediato los compromisos adquiridos con Vox de los que ahora parecían desdecirse.

A ciencia cierta no se sabe el tiempo que se habría tomado el señor Abascal en intentar convencer sin resultado alguno a los señores Casado y Rivera sin que estos tuvieran la menor sospecha de que, mientras tanto, el señor Ortega Smith, completamente solo y a hurtadillas, se afanaba en intentar recoger a mano el cremoso producto por el que todos se interesaban.

A sabiendas de lo que estaba ocurriendo entre su jefe y los del PP y Cs en el interior del despacho, Ortega Smith decidió entonces esperar lo necesario hasta que estos últimos hubieran abandonado definitivamente la granja antes de presentarse ante su compañero de partido. Cuando por fin lo hizo, su presencia resultaba de lo más grotesca y estrambótica; empapado de sudor y lágrimas, visiblemente dolorido, el cabello alborotado y cubierto de heno, la cara sucia, los pantalones y la camisa cubiertos de maloliente estiércol, los zapatos empapados de orín animal y lo que resultaba más absurdo todavía: el taburete en una mano y el cubo de zinc completamente vacío en la otra.

-Pero ¿Qué te ha pasado, Smith? -preguntó Abascal con asombro ante una visión tan desastrosa-.

-Lo siento mucho, Abascal, -respondió Smith- pero me fue del todo imposible lograr que la vaca terminara por sentarse en el taburete.

zoilolobo@gmail.com

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