Goya y nuestro tiempo

Duelo a Garrotazos o La Riña, una de las catorce obras de las Pinturas Negras de Goya.

No cabe duda que visto y oído todos los argumentos expuestos por sus señorías para defender o rechazar la idoneidad de un gobierno presidido por Pedro Sánchez, hace prever que su legislatura concluirá revestida de inquietantes aristas afiladas contra las que habrá de guardar una distancia prudencial si no quiere salir lesionado antes de los cuatro años que prevé su inmediata investidura.

Bien es verdad que a falta de una coalición rechazada entre otros por Cs., y a pesar de contar desde el primer momento con Unidas Podemos, Más Madrid y algunos otros partidos minoritarios, su victoria se decantará en segunda votación con un solo voto de diferencia, gracias, sobre todo, a la abstención de Esquerra Republicana a la que Sánchez ha prometido esa ambigua mesa de negociación que incluye el tratamiento de Cataluña como “conflicto político” y gracias también a la cual su señoría Rufián ha consentido la inquietante investidura del candidato.

La hoja de ruta presentada por Esquerra Republicana para la formación de esa controvertida mesa de negociación, contiene sin embargo unos perfiles muy romos, por no hablar de esas otras fisuras por las que se cuelan sólo conjeturas y qué según el entender de Sánchez, no entrañan peligro alguno para la gobernabilidad del país, ya que se supone que, aunque de forma no explícita, ambos partidos se obligan a sí mismos a conducirse dentro de los parámetros que establece la Constitución española.

Sin embargo, este diálogo político que a partir de ahora se abre con esta nueva legislatura, revienta las costuras de los elegantes trajes de la ya tradicional herencia de la derecha española, preservadora desde el alzamiento nacional de lo que ella considera la unidad de España, gracias a la participación de los salvadores de la patria que aún continúan anclados en aquel tiempo que media entre el advenimiento de la dictadura del general Franco hasta nuestros días, muy a pesar de que presumamos a partir de 1978 de una consolidada democracia que se ha venido forjando trabajosamente a pesar de los muchos avatares sufridos por la clase política en general y de tan infausto recuerdo para todos los españoles.

Lo vivido este domingo en el parlamento clama al cielo; no al del hemiciclo que aún conserva las huellas de la bravuconada de Tejero en forma de orificios de bala, sino a ese otro cielo madrileño de Don Francisco de Goya y Lucientes que tanto criticó en su época valiéndose sólo de unos pinceles en unos casos, como la Carga de los mamelucos o Los fusilamientos y en otros, con los buriles, como en los grabados sobre las planchas de cobre, que para mayor gloria de nuestra cultura aún se conservan a buen recaudo bajo el nombre de “Los desastres de la guerra”.

Sin embargo y hablando de nuestro sordo ilustre, me remito a un cuadro de las llamadas pinturas negras de Goya que decoraron las paredes de su casa y que no es otro que “Duelo a garrotazos”, que pone de relieve el encono, la agresividad, la violencia al servicio de la incultura, representada sobre el lienzo por dos hombres, dos castizos, hundidas sus piernas en la arena para evitar desplazamientos, armados con sendos garrotes, inmersos ambos en una cruenta pelea hasta darse muerte a golpes. Esa es la imagen que todavía conservo de ayer y hoy en el Parlamento.

zoilolobo@gmail.com

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