Idea luminosa

La inversión empleada en tal apoteósico evento ha significado un aumento del consumo, según el alcalde de Vigo

Vigo se ha convertido en un destino navideño para muchos españoles./Twitter

Vigo, en la provincia de Pontevedra, ha brillado siempre por sí misma. Por su gastronomía, sus tradiciones, sus paisajes y también por sus gentes. No ha hecho falta que su alcalde, el iluminado Ángel Caballero, haya tenido que recurrir, compitiendo con los neoyorquinos, en una artificialidad superior que ha creído conveniente para gozo de sus parroquianos, quienes ya se bastan por si mismos, confiados en su paladar, para degustar todo lo bueno y genuino que les brinda las ancestrales costumbres de su excelente cocina gallega, llegadas unas fechas como las que estamos atravesando y sin tanta parafernalia lumínica.

Según el propio alcalde, la inversión empleada en tal apoteósico evento ha significado un aumento del consumo gracias a la gran afluencia turística que ha promovido su idea luminaria de competir con su homólogo de la ciudad de los rascacielos, y eso, según él, se ha traducido en un beneficio para la ciudad de Vigo y, en particular, para todos sus comerciantes en virtud de la proyección mundial que tal acontecimiento ha despertado entre los miles de visitantes que se han dado cita estos días en el lugar de más alta contaminación lumínica de la geografía española cuando no, también europea.

Esta competencia se antoja fuera de lugar porque el contexto americano versus gallego en el que se desarrolla este esplendor navideño resulta a todas luces, y nunca mejor dicho, de lo más incongruente. Las tradiciones americanas no pasan de los cuatrocientos años si contamos a partir de la llegada, en el siglo XVII, del Mayflower a las costas americanas, mientras no ocurre lo mismo con las de Europa, mucho más longevas por las razones que todos ya conocemos y que se remontan a un pasado muy lejano en el tiempo.

Si tenemos en cuenta lo que para un neoyorquino significa a nivel gastronómico una hamburguesa, al arquitectónico un rascacielos, al industrial el automóvil, al artístico la obra de Andy Warhol o Jeff Koons entre otras muchas cosas, podremos entender que la idea en competir contra ellos sólo en lo lumínico me parece de una soberbia y grosería humillante, de tal forma que tan humillante nos resultaría también que los franceses, por poner sólo un ejemplo, decidieran competir con nosotros los españoles en elaborar una paella mucho más exquisita que la que regularmente se cocinan en los fogones de tantas cocinas valencianas.

Lo que sí ha conseguido, aunque para mal de muchos, el alcalde Ángel Caballero, ha sido internacionalizar de tal forma su carísima proeza contaminante que el New York Times ya se ha hecho eco del reto, pero sin conseguir desvelar todavía de dónde han salido los fondos para haber llevado a cabo su brillante e iluminaria idea.

Pero eso no es todo. Desde el punto de vista historicista, la contaminación lumínica que significa un evento de tales características chocaría con las exigencias mostradas en la tradición católica de la adoración de los Reyes Magos, quienes en ausencia de un firmamento completamente despejado como él de antaño, se verían privados de seguir con precisión la estela dejada por el cometa que hasta este año de 2019 siempre les había guiado hasta el nacimiento de Jesús en Belén, por lo que todavía no parece asegurada su presencia en los millones de hogares españoles que también esperan su visita.

zoilolobo@gmail.com

  • Antes que nada, aprovecho para desear a todos los seguidores de «Kiosco Insular» un muy Feliz 2020!!, dicho ésto, quiero felicitar también al amigo Zoilo López, por su cultura y por regalarnos tán desinteresadamente, unas lecturas más que amenas e instructivas.
    El «iluminado» alcalde de Vigo, no es más que otro político sin altura, de los tántos a los que soportar y que intenta con ese despilfarro, deslumbrar a sus sufridos contribuyentes para ocultarles de ese modo, al menos durante unos dias, las verdaderas carencias que padecen.
    saludos

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