La Movida

Los jóvenes madrileños siempre estuvieron orgullosos de lo que allí se dio en llamar, allá por los años 80, La Movida Madrileña, cuando Alaska y Pegamoides, Almodóvar & McNamara, Toreros muertos, Ramoncín, entre otros muchos, capitaneaban aquel movimiento urbano de artistas de todas las disciplinas, especialmente música, del que tanto presumen no sin cierta razón aún hoy en día.

Sin embargo, una década antes, se vivió en Barcelona un movimiento mucho más heterogéneo y underground si cabe, cuyo epicentro giraba en torno de Las Ramblas, la Plaza Real y la calle Platería, dónde se ubicaba la mítica Sala Zeleste, cuyo propietario, Victor Jou, organizaba cada noche una actuación musical de cierta relevancia en el interior del local: Gato Pérez, Sisa, Oriol Tranvía, Compañía Elèctrica Dharma, etc., etc.

Aquel movimiento barcelonés que no catalán estaba compuesto principalmente por infinidad de artistas dispuestos a poner en tela de juicio, sobre todo, los valores morales fundamentales instituidos en la sociedad española tradicional de aquella época y cuyos representantes pertenecían, fundamentalmente, al mundo de la música y a las artes plásticas y siempre empeñados en ocupar exteriores tan emblemáticos como la Plaza Real o las Ramblas con la sana intención de exhibir ante el numeroso público que congregaban sus atrevidas e interesantes performances, utilizando la presencia física de personajes tan conocidos como Nazario, Ocaña, Mariscal, etc.

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En los barrios elegantes de la parte alta de Barcelona, hizo su aparición la Gauche Divine, formada por gente más o menos acomodada o también artistas consagrados cuyo lugar de encuentro o cuartel general se ubicaba en Bocaccio, elegante y exclusiva boite de difícil acceso a cualquiera. De la mano de Oriol Regás, el resto de componentes se desplazaban a menudo a Ibiza para vivir in situ la evolución del movimiento hippie que se había establecido en la isla pero en Barcelona, la mayoría de las veces bajaban hasta los suburbios, mezclándose entre los no de su clase, haciendo su aparente espontánea aparición en el interior de la mencionada Sala Zeleste donde permanecían hasta altas horas de la madrugada.

De este elenco de gente bien y artistas ya consolidados formaban parte personas como Teresa Gimpera, musa del movimiento, Ricardo Bofill Sr., arquitecto, Colita, conocida fotógrafa, Terence Moix y Vázquez Montalbán, escritores y un largo etcétera que su mención ahora carece de mayor importancia.

Para terminar sólo me resta agregar que por entonces y por distintos motivos, un grupito de canarios nos vimos involucrados indirectamente en esta movida barcelonesa de los años 70 y de la que también disfrutábamos en calidad de observadores y todo ello, aunque cueste creerlo, gracias al tabaco negro enviado por nuestras respectivas familias desde Tenerife, para tratar de saciar la adicción que suponía ser consumidor de tabaco negro como Record o Coronas. Esta adicción también la compartían algunos camareros y porteros de la sala Zeleste y a cambio de acceder gratis al local, siempre les proveíamos de estas marcas que eran sus preferidas y recién llegadas de Canarias, de modo que sin comerlo ni beberlo, Luis Peña, podólogo tristemente fallecido, Leocadio, alias Kalo y yo mismo vivimos personalmente aquella época como la más interesante de nuestras vidas. De manera que sabemos de lo que hablamos.

El Puerto de la Cruz tuvo también su particular movida de la que participó también el resto de la isla. Aquí empezaban a ocurrir cosas que no ocurrían en ningún otro sitio y que darían lugar a la popularidad alcanzada entonces por la ciudad no sólo ya en el extranjero sino también en los lugares más recónditos del resto del archipiélago, aunque de eso podríamos hablar cualquier otro día.

zoilolobo@gmail.com

 

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