Lo terrenal: Fútbol y AVE

Los mundiales de fútbol 2018 en Rusia y el comienzo de las vacaciones veraniegas han eclipsado en cierta medida los últimos acontecimientos acaecidos en España en materia política y social. La caída de los dioses del fútbol (Cristiano, Messi y Neymar) con sus respectivas selecciones ha sumido a sus miles de seguidores en una apatía tal que ya empiezan a preguntarse si se merecen o no cobrar tantos cientos de euros por jugar a un deporte que mueve tantos millones y que, sin embargo, si exceptuamos a la selección francesa, esta vez los triunfadores hayan sido las modestas selecciones de Bélgica y Croacia con sus sabios centrocampistas. Cuando salga a la luz este distendido artículo, sabremos quién ha sido el ganador de estos mundiales. Mientras tanto, los distintos medios de comunicación continúan apartando las capas de cebolla que esconden los numerosos casos de corrupción que se le atribuyen a D. Juan Carlos mientras la cortesana Corinna llora amargamente las traiciones padecidas por aquel apuesto caballero que nunca fue su rey y, sin embargo, sí su mejor amante; por lo menos, el más rentable.

De modo que lo peor que le pudo haber ocurrido a la clase trabajadora española es haber soportado el gran fracaso que supuso la eliminación de España en “octavos” de la copa del mundo de selecciones porque, si no, de lo contrario, hubiéramos pasado por alto el trago amargo que hemos tenido que apurar como consecuencia de la ruptura mercantil y sentimental entre la bella cortesana Corinna y nuestro emérito rey D. Juan Carlos.

Si sólo nos centramos en eso y obviamos el grave problema que representa en nuestro país distintos asuntos como el paro, las pensiones, la educación, los alquileres, etc., etc., no parece menos serio preguntarse si los ilustres amantes, con su abrupta ruptura, se habrán sentido más defraudados en lo mercantil que en lo sentimental y eso sí que debiera preocuparnos mucho porque así como los plebeyos o si lo prefieren, la plebe, estamos obligados a amarnos hasta la muerte cuando contraemos matrimonio, los reyes o los nobles en general parece ser que no lo están y la prueba está en que ni siquiera se les puede recriminar por ello aunque su cónyuge sí  se encuentre obligada a guardarle fidelidad de por vida.

La mala suerte de Corinna ha sido precisamente la de no haber sellado seriamente el compromiso contraído con D. Juan Carlos mediante un documento oficial en el que hubiera figurado una sencilla cláusula mediante la cual se exigía al Rey emérito a satisfacerla sexualmente por lo menos una vez a la semana y que, además, visto lo visto, le hubiera acarreado unos pingües beneficios aún mayores que la comisión pactada por la mediación de su regio amante en la contratación del AVE en Arabia Saudita.

zoilolobo@gmail.com

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