Maduro y el joropo

Los venezolanos fueron siempre modestos en sus pretensiones

Mientras aún continúo convaleciente de la pandemia de gripe que por el momento azota Cataluña, la envidia que desde el mullido confort del sofá me produce la saludable condición física de Nicolás Maduro al frente y a paso ligero, bajo la violenta luz de un medio día cualquiera en Venezuela, no se puede comparar por parte de la oposición, al rechazo casi unánime que produce la falta de gobierno en su país.

Maduro ha rechazado de plano el ultimátum lanzado por Pedro Sánchez instándole a convocar elecciones antes de ocho días. Sin embargo, el presidente venezolano presume ante la prensa y la opinión pública de contar con el incondicional apoyo de la cúpula de las Fuerzas Armadas de su país, dejándose fotografiar frente a la tropa de infantería o a bordo de un tanque de la caballería.

¿Podría pensarse que la elección de un nuevo presidente pondría fin a todo aquello que de malo se contempla hoy en las calles de Venezuela? Nadie mejor que España conoce bien las idiosincrasias políticas en la que se mueven los países sudamericanos y el compromiso que significa para ellos, desde un punto geopolítico,  consolidar una democracia con el modelo a las que nos tiene acostumbrados Europa.

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En  cualquier caso, no todos se ponen de acuerdo en la legitimidad presidencial de Juan Guaidó frente a la del actual presidente electo Maduro. Si bien, Nicolás Maduro fue objeto del desprecio internacional por supuestamente haber apañado unas elecciones presidenciales en su favor, en este caso, Guaidó, a pesar del apoyo de la Unión Europea y de los muchos países de América Latina, incluidos EEUU, no le va a la zaga al intentar defenestrar con un golpe de estado a su actual oponente.

Pese a todo y sin que sirva de precedente, Nicolás Maduro me cae bien. Por su manera de guarachear sobre los escenarios de sus mítines, por el marcado swing que le proporciona al merengue cuando la ocasión se presenta, por su voz profunda de llanero, por su endiablado sentido del humor a la manera de Rómulo Gallegos y por otras muchas cosas que, en mi opinión, harían de él un buen candidato a presidente comprometido, como bien  se jacta de abanderar la filosofía de una revolución bolivariana que tanto fruto dio en su día por la independencia de España de tantos países de la zona.

Los venezolanos fueron siempre modestos en sus pretensiones, sabedores del descomunal potencial económico del que siempre gozó su país y al que, en cualquier momento, podrían acceder a él para salvar cualquier crisis que se les presentara y por grave que esta fuese.

Como músico que he sido, he quedado siempre fascinado por la música folclórica venezolana y debo recordar que con muy poco: arpa, cuatro y maracas, cualquier venezolano no necesita de otros instrumentos para ponerte a cabalgar por el llano al trepidante ritmo que nos ofrece un joropo. De modo que si esta reducción instrumental se llevara a cabo, de igual modo, a la contemporánea música política, el éxito parecería del todo asegurado.

zoilolobo@gmail.com

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