Mera especulación

Esta drástica decisión del Supremo mina las condiciones de la mesa de negociación

El conflicto catalán es una bomba de relojería para el Estado.

Habría que ser un experto en derecho constitucional para tratar de dilucidar el alcance que tiene la última respuesta dada por el Tribunal Constitucional a la Abogacía del Estado respecto de la situación en la que finalmente se encuentra Oriol Junqueras, toda vez que no se haya aplicado lo discernido por el tribunal de la UE sobre el derecho de éste a recoger su acta de diputado en el parlamento europeo.

Sea como fuere, esta drástica decisión del tribunal español mina de alguna manera las condiciones establecidas de la ya de por sí impopular mesa de negociación sobre la que se ha de tratar el llamado “conflicto catalán” entre Esquerra Republicana y el PSOE. ¿En qué medida, -cabe preguntarnos-, afectará a lo acordado entre las partes este nuevo giro que ha tomado la decisión del Supremo? Es pronto aún para pronunciarse sobre el particular. Habrá que esperar a la conformación del actual gobierno para tratar de, por lo menos, dilucidar entre las muchas posibilidades que atañen al tema en cuestión.

A todo ello habrá que sumar si la inhabilitación del honorable Torra como presidente obliga a nuevas elecciones a la Generalitat en un periodo más o menos breve de tiempo o si, por el contrario, éste se resiste a obedecer la orden de la Junta Electoral Central y crear con su actitud un nuevo conflicto adicional no sólo entre ambos gobiernos sino, lo que es peor, entre Esquerra Republicana y Junts per Catalunya. Aunque esta soterrada confrontación entre ambas formaciones podría favorecer los intereses del PSOE sobre la cuestión ya planteada.

A los ignorantes sólo nos queda sacar conclusiones sobre lo que los medios de comunicación ponen a nuestra disposición cada día, independientemente de lo que cada uno de ellos extraiga de su propia cosecha informativa, de tal manera que nosotros tendremos que hacer gala de nuestro sentido más común  para llevar hasta nuestro terreno lo que de ventaja se traduce para nuestros propios intereses como ciudadanos, y es aquí precisamente donde se establece ese pulso que siempre ha existido entre quienes lo interpretan desde el punto de vista conservador o desde el punto de vista progresista y, en consecuencia, por ello nos convertimos en los actores pasivos que deben decidir si nos conviene más un gobierno de los llamados de derechas o, por el contrario uno de los llamados de izquierdas. De manera que los planteamientos políticos de unos y otros tendrán, indistintamente y como siempre, sus detractores o benefactores, según los casos, y es precisamente en este continuo debate sobre el que debería descansar apaciblemente aquello otro que sólo algunos entendemos por democracia.

El alarmismo que en general despierta la formación de este nuevo gobierno parece más bien injustificada toda vez que la coalición no ha tenido todavía oportunidad de explicar cuáles serán las líneas maestras de su gestión administrativa hasta que no se hallen repartidas todas las carteras ministeriales que darán lugar a su ejecución. Hasta entonces, cualquier opinión al respecto sólo tendrá la categoría de mera especulación, si bien, la coyuntura política que en estos momentos se está produciendo en el Parlamento catalán tendría también una incidencia más que relativa, no sólo para los intereses del nuevo gobierno de la nación, sino también para los compromisos ya contraídos con la llamada mesa de negociación para tratar de resolver el llamado eufemísticamente “conflicto catalán”.

zoilolobo@gmail.com

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