Mobile Congress y política lingüística

La alcaldesa de Vic y diputada de JxCAT, Anna Erra, haciendo honor como corresponde a su errático apellido, ha terminado errando del todo a tenor de sus desafortunadas declaraciones en favor de la política lingüística que intenta llevar a cabo en su país que ya no considero el mío a pesar de haber estado viviendo, trabajando y estudiando aquí durante tantos años como para sentirme tan bilingüe como pudiera serlo ella misma, aunque estoy completamente seguro de que yo hablo mejor catalán que ella castellano y si me apura mucho, podría incluso afirmar que el prestigioso lingüista catalán señor Joan Solà, quién me diera clases en la Universidad de Barcelona al haber escogido la lengua catalana como una asignatura de libre elección durante mi licenciatura de Historia del Arte, escuchándola hablar y de haber seguido todavía con vida, seguramente se hubiera sentido profundamente avergonzado de tamaño insulto xenófobo hacia todo aquel que por muy distintas razones no goza todavía del estatus necesario como para ser considerado con el mismo respeto que al resto de catalanes que nacen, se reproducen, viven, trabajan y mueren en Cataluña.

Joan Solá (1940-2010) prestigioso lingüísta catalán y profesor de la Universidad de Barcelona./Foto Zoilo López.

A partir de ahora tomaré la sabía decisión de responder siempre en castellano a cualquier formulación que se me haga en catalán, de tal manera que así también ellos podrán beneficiarse del influjo que la lengua de Cervantes ejerce en el característico seny del que tanto presumen los catalanes. He de admitir sin embargo que juego con cierta ventaja porque no tengo ningún problema a la hora tanto de leer como de escribir en catalán y tampoco seré tan poco afectuoso como para cobrarles por las clases didácticas de castellano que pueda desarrollar en los distintos mostradores de bares, restaurantes, panaderías, tiendas, supermercados o, sin ir más lejos en esas espléndidas charcuterías de Vic, ciudad natal de la errática señora Anna Erra. Ciudad como otras muchas de Cataluña en las que los propietarios catalanes de las distintas tiendas de comestibles se afanaron en su día en aprender algo mejor el castellano para poder dar cobertura a tanta demanda de venta a todas aquellas familias emigrantes que entonces no sabían nada de una extraña lengua que, en la mayoría de los casos, terminarían por aprender para mayor gloria de los charnegos.

De manera que en la organización catalana del Mobile Congress aún sigue sin explicarse el motivo que habrá dado lugar a tal cantidad de cancelaciones producidas y relacionadas con el sector. Hay quien opina que las razones de tamaña deserción no habría que buscarlas en el terror que ocasiona una pandemia tan grave como el coronavirus que, por otra parte, en España se le ha podido mantener a raya gracias al celo profesional llevado a cabo por las autoridades sanitarias, volcadas al completo con el efectivo servicio prestado a la ciudadanía. Entonces, ¿A que podría deberse tamaña espantada? Hay quién afirma que quizá se deba, precisamente, a la política lingüística llevada a cabo con tanto celo últimamente en Cataluña, lo que ha venido a suponer un gravísimo problema de intercomunicación que todavía no había sido previsto por la mayoría de empresas de telefonía móvil que se estaban dando cita y operando en nuestro país sin ninguna garantía de entendimiento entre los distintos servicios indispensables para las muy intrincadas traducciones simultáneas que son precisas para garantizar el correcto intercambio de tecnología tan avanzada.

Y ahí lo dejo, porque también la imaginación vale como respuesta al supuesto padecimiento que sufre la Errática de Vic por el temor a una muerte súbita de su sufrida lengua materna.

zoilolobo@gmail.com

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