Placido Domingo

Todos esperan una aclaración racional de los supuestos hechos acaecidos hace ya muchísimos años

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No parecería muy extraño que alguien como Mike Jagger o cualquiera de los otros componentes de los Rolling Stones les invitase a fumar un porro o a mantener relaciones sexuales a muchas de las múltiples jóvenes que se arremolinan a diario en torno de sus satánicas majestades y que algunas de aquellas, lejos de denunciarles por su actitud poco ortodoxa desde la perspectiva de una moral decimonónica, aceptaran de buen grado tales proposiciones, teniendo en cuenta que la filosofía que ha rodeado siempre al mundo del rock and roll defiende también las prácticas sexuales libres y el consumo de drogas sin ningún pudor, además de la libertad expresiva que contienen las letras de sus temas.

Cosa bien distinta es aquella otra moral que rodea el mundo de la lírica y cuya filosofía se encuentra tan alejada de esos preceptos que hoy día pregonan los jóvenes compositores nacidos en una época bien distinta y cuya música popular se encuentra muy al margen de aquellos cánones académicos y compositivos que florecieron a lo largo del XVIII y especialmente en el XIX, y que a través de la ópera expresan otro tipo de valores muy distintos y ya tergiversados, cuando no superados, por los populares músicos del siglo XXI.

Por esas y otras razones, el célebre tenor español Plácido Domingo se ha visto envuelto en un escándalo mayúsculo al ser denunciado por algunas de sus colegas del bel canto por un supuesto discutido delito de abuso de poder de connotaciones carnales hace ya muchos años y que al parecer no llega siquiera a la categoría de abuso sexual consumado. Sin embargo, el simbolismo que de caballero español, con capa incluida, ha  venido siempre representando Plácido Domingo dentro y fuera de la escena operística mundial, se ha visto en este caso mancillado, con o sin razón, por estas últimas revelaciones de algunas de sus antiguas compañeras de reparto.

Ya se sabe que la carne es débil, incluso para todos aquellos que se encuentran continuamente en la cúspide del éxito profesional (político, artístico, empresarial, etc.) pero ello no debería ser óbice como para llegar a plantearle a los colegas de inferior rango beneficios corporativos a cambio de sexo.

Todos esperan una aclaración racional de los supuestos hechos acaecidos hace ya muchísimos años y que han terminado por deslucir la bien ganada reputación de caballero de la que ha podido presumir Plácido Domingo durante tantos lustros. Una caballerosidad avalada en todo caso por muchas otras, también colegas, con las que ha podido compartir escenario, cenas y tal vez cama de igual modo consentida a lo largo de su dilatada carrera musical y operística.

Si se hubiera dedicado a la música rock en lugar de a la ópera, seguramente se hubiera encontrado hoy fuera de toda sospecha de ofrecimiento sexual, pero para suerte de los amantes del bel canto, que también los hay, Plácido se decidió en su día por la ópera y, en consecuencia, por todas las circunstancias que se han venido derivando de su talentoso magisterio de célebre tenor.

zoilolobo@gmail.com

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