Protagonistas innecesarios

Siempre que tengo oportunidad de referirme a mi perro, Patxi, suelo afirmar, sin titubear siquiera, que se trata de una bellísima persona. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de gente como Eduardo Inda, Santiago Abascal y Cierra España, el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plà y un largo etcétera que puebla algunos medios de comunicación, distintas instituciones del estado, determinados bancos y algunas empresas, miembros todos ellos del complejo tejido social del que se compone nuestra cambiante y por lo tanto viva sociedad.

¿Bajo qué protección debe encontrarse amparado Eduardo Inda para, estando tan próximo a lo que hoy dan en llamar cloacas del estado, no haya sido salpicado todavía por la porquería que arrastra el curso de los acontecimientos en el subsuelo de nuestras instituciones tanto políticas como financieras? Es de suponer que juega con ventaja respecto a otros medios y tal vez por ello se permite el lujo de arremeter impunemente y con tanta vehemencia contra políticos supuestamente sospechosos, según su criterio, de simpatizar con regímenes de muy dudosa reputación. Sea como fuere, éste periodista viene a ser, en definitiva, tan salvapatrias como pueda presumir el mismísimo Santiago Abascal al frente de Vox.

No me parece cierto pero según algún medio, en sus últimas declaraciones públicas, el portavoz de Vox ha anunciado que de ocupar el gobierno, abolirían, de una vez por todas, el Ministerio de Cultura.

Los jóvenes de hoy debieran saber que fue el general Millán Astray, fundador de la legión, aquel que dijo: “Muera la inteligencia” “Viva la muerte”. Así que, partiendo de aquí puedo asegurar que cuanto más conozco a según qué tipo de gente, mucho más si cabe quiero a mi perro Patxi.

Por último, la intransigencia ya caduca con respecto del colectivo gay mostrada por monseñor Juan Antonio Reig Plà raya en lo esperpéntico, sobre todo, al tratar  de curar la homosexualidad con adoctrinamiento cristiano y terapias psicológicas a cargo de personal no cualificado.

Bien es verdad que cualquier joven gay sin experiencia alguna y en sus circunstancias, se encontraría hoy tentado a asistir al psicólogo, pero no precisamente para curar lo que el obispo admite como enfermedad sino, más bien, para tratar de obtener consejo suficiente que le permita afrontar la intransigencia con las que muchas entidades, sobre todo eclesiásticas, continúan empeñadas en tratar al colectivo LGTBIQ.

“Amaos los unos a los otros”, conminó Jesús a sus fieles casi en tono imperativo. Pero de ello Reig Plà no hace ningún comentario pero sí una lectura partidista en su propio favor. Sin embargo y como ha venido sucediendo a lo largo de tantas décadas en muchos colegios religiosos y seminarios, sí que se han tomado al pie de la letra, -aunque con fines muy distintos y aviesas intenciones-, aquel deseo cristiano que sugiriera el propio Jesús, de la que tampoco hace alusión monseñor, y que dice así: “Dejad que los niños se acerquen a mí”.

¡Qué vergüenza, Dios mío!

zoilolobo@gmail.com

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