Queridos Reyes Magos

Es probable que se avecinen tiempos mejores a los que hemos padecido

Uno, que ya no es un niño, espera muy poca cosa de los Reyes Magos como no sea la solución a una formación de gobierno que, desgraciadamente, depende sólo del pronunciamiento de un órgano como es el de la abogacía del estado y que tendría que refrendar el Tribunal Supremo. Independientemente de nuestras creencias religiosas, los que como yo, -y lo he dicho al principio-, ya no somos niños, seguimos creyendo firmemente en los Reyes Magos con mucha más ferviente devoción que en la clase política de este país, que lo único que espera es que se produzca un auténtico milagro para conformar un gobierno que se nos antoja casi imposible a pesar de la paciencia que nos exigen los socialistas ante tamaño ejemplo de ineficacia política por parte de todos los implicados.

Así es que, -por citar un símil taurino tan propio de la derecha española-, si la autoridad lo permite y el tiempo no lo impide, podríamos contar con un presidente de gobierno entre los días que cuentan entre el uno y el seis de enero de 2020, ambos inclusive.

¿Significa ello que para que se produzca tal investidura socialista Oriol Junqueras debería de nuevo pisar la calle, ser puesto en libertad? Eso es, precisamente, lo que esperan los partidos independentistas con representación en la Generalitat de Catalunya, aunque sin pronunciarse todavía en firme si esa prerrogativa que se prevé habría de estar vinculada a la investidura de Sánchez. De manera que todo se reduce a veladas insinuaciones, al discreto silencio de Pablo Iglesias y, sobre todo, a esa habilidad de la clase política para hacer gala de los circunloquios con los que quieren disimular aquello que no se atreven del todo a confirmar.

De modo y manera que más que nunca he creído en la independencia de los Reyes Magos, quienes, en definitiva y por lo poco que yo sé, nunca llegaron a casarse, -metafóricamente hablando, con nadie. Llegaron a Belén, hicieron su trabajo y con la misma abandonaron para siempre aquel siniestro lugar amenazado por el miedo acuñado por Herodes ante el nacimiento del nuevo Rey de los Judíos. Y aquel miedo de Herodes es, precisamente, el heredado que muestra hoy la clase política de la derecha española frente a la aparición de un probable gobierno de izquierdas que, según PP, Cs y, sobre todo Vox, representa el fin de una hegemonía de progreso sostenido, pero avalado durante mucho tiempo, -todo hay que decirlo-, por una corrupción galopante bajo la que ha sucumbido por el propio peso de tantos procesos abiertos en su contra a lo largo del tiempo.

Es probable que se avecinen tiempos mejores a los que hemos padecido la mayoría de los españoles como consecuencia de la desintegración de esa clase media que equilibraba la balanza entre ricos y pobres, de manera que el nuevo gobierno que haya de salir de estas difíciles negociaciones, habrá de rescatarla si lo que pretende conseguir es un estado del bienestar sobre el que descanse una legislatura que no se prevé fácil, pero sí factible siempre que las medidas sociales sobre las que se apoya la economía del país se llevaran a cabo lo antes posible.

zoilolobo@gmail.com

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