Reyes del cachopo

No sé exactamente cuál de las dos noticias habrá despertado entre los españoles mayor interés: si la posible anticipación de elecciones generales anunciada por los medios o la captura del escurridizo “rey del cachopo”, ocurrida ayer mismo cuando bajo nombre falso trabajaba como cocinero en un céntrico restaurante de Zaragoza.

Además de la expresa negativa de Junqueras de presentar a Puigdemont como segundo para las próximas elecciones europeas, en el primero de los casos citados en el párrafo anterior y pese a las grandes diferencias de criterio entre los partidos independentistas catalanes PDeCat y Esquerra Republicana, los socialistas tenían puestas todas sus esperanzas en estos dos partidos para sacar adelante, con apoyo de Podemos, los presupuestos generales para 2019 pero las exigencias del presidente Torra y Junqueras respecto de los encarcelados por el supuesto delito de rebelión, terminarían por arrojar a Pedro Sánchez bajo los cascos de la caballería de la derecha constitucionalista, acaudillada por los adalides Pablo Casado y Albert Ribera, indistintamente.

Ya lo dijo Federico Trillo cuando era Presidente del Congreso de los Diputados.

En cuanto al “rey del cachopo”no resulta de extrañar su pertenencia a esa saga tan conocida ya en España de charlatanes y estafadores que se han venido forjando un futuro sólido a costa de los demás como han sido los casos de Roldán, Paesa, el pequeño Nicolás, el sr. Blesa (EPD), el comisario Villarejo y tantos otros que por ser muchos no se recuerdan ya sus nombres y que merecerían capítulo aparte.

Ayer, por fin y merced a la detención de su rey, César Román, mucha gente ha podido saber en qué consiste el denominado cachopo. Al parecer y para quién aún no lo sepa, se trata de un plato de la cocina asturiana que consiste en dos filetes de ternera entre los cuales se coloca una loncha de jamón y queso y luego se fríe empanado de huevo y pan rallado para presentarlo posteriormente acompañado de una guarnición de patatas y/o  pimientos rojos.

Resulta muy decepcionante que este plato tan típico de la gastronomía asturiana se haya tenido que ver empañado al convertirse en el late motiv sobre el que César Román pretendiera montar un imperio que al parecer le venía demasiado grande para, ya de por sí, su costa estatura no sólo moral sino también física y que además le haya llevado a ser el primer sospechoso de la muerte y mutilación post mortem de la que fuera su novia: la hondureña Heidi Paz.

zoilolobo@gmail.com

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