Varas de medir

Cuando se repartieron las varas de medir no habían de color rojo ni morado

Si por algo nos diferenciamos los españoles del resto de europeos es por el uso de las varas de medir. La estulticia y la idiotez se ha instalado en este país. La casta, según la terminología empleada por los podemitas, piensa que los empadronados en España somos súbditos y en ocasiones más que políticos parecen prestidigitadores de la palabra. Me sorprende la capacidad que tienen para darle la vuelta a la tortilla según sus intereses, todo ello avalado por los periodistas del régimen de turno, de uno u otro color. Si nos ponemos los guantes y rebuscamos en la historia más reciente nos encontramos con escándalos en todos los partidos, nacionales o nacionalistas, no me interesan las maniobras de distracción del y tú más. En España cuando se repartieron las varas de medir no habían de color rojo ni morado; ya que a muchos les gusta regodearse en todo lo que ha hecho el centro, la derecha, la derechona y la dictadura y deberían documentarse sobre lo acaecido en nuestro país durante los últimos cien años, por ejemplo. ¿En serio piensan que los únicos que han robado, matado y saqueado el país son los de derechas? Una de dos, o yo me he leído otros libros de historia o las izquierdas piensan que todos somos idiotas. Si vamos a la política contemporánea y nos “bebemos” la información en fuentes diferentes podemos concluir que cuando alguien dijo: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” estaba refiriéndose a nuestra amada casta, pero claro, igual que la gallina de mi vecina pone mejor huevo que la mía también podemos decir que, ningún camello se ve su joroba y no lo digo por ningún político en particular. ¿En serio nos escandalizamos por tiempos pasados viendo el despilfarro que estamos sufriendo y pagando en la actualidad? Del otro lado de la izquierda también nos encontramos con casos de corrupción flagrante, mucha de ella ya juzgada y condenada y otra pendiente de los juzgados de turno, pero reitero mi sorpresa ante la desfachatez de los que se llaman así mismo “libertadores” y se permiten en el Congreso de los Diputados alzar la voz, en sentido literal, para censurar a un rival político. Flipante.-Confucio.

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