El pijo-progre

Almorzando el otro día con mi hijo, me puso sobre la pista de un término que no conocía: el pijo-progre.

El muchacho, que está estudiando su segunda carrera, porque al no encontrar trabajo decidió seguir formándose en una ULL precaria, dedica su tiempo libre a colaborar como bombero voluntario y no a estar deambulando por esos andurriales, se siente frustrado por el país en el que le ha tocado vivir y que todo lo que hace o diga sea cuestionado por la nueva mentalidad pijo-progre que impera en España. Supongo que se podrá decir España sin que nadie me llame facha, pepero o fascista.

El ambiente en nuestro país es que no hay nada peor que un votante del PP, un católico o alguien que haga o diga algo que cuestione lo que predican los pro-moñas y nuevos socialistas.

En España se han puesto de moda los pijos que van de ocupas y el hippie que tiene una visa oro; el ecologista que va con su todo-terreno y su móvil a la cintura o los personajes televisivos que reptan por el filo de la navaja, pero con empresas o inmuebles propios de un capitalista estándar. Cada cual que ponga el nombre que recuerde.

Según parece, para ser un buen pijo-progre hay que aparentarlo. Lo primero es comprar cada día El País y llevarlo bajo el brazo, pero que se vea bien la cabecera; lo importante no es leerlo sino que el mundo perciba que lo lees.

De todas maneras, es importante tener cuidado a la hora de hablar, no vayan a descubrir que eres un tipo normal. Para ello deben aprenderse una serie de mantras que esta nueva casta ha adoptado y que repiten hasta la saciedad.

Primero: Todas las tradiciones apestan, salvo que sean catalanas o vascas.

Segundo: Bromas recurrentes sobre la Iglesia Católica o sobre políticos de derechas.
Tercero: El uso de continuo del masculino y femenino: señoras y señores; niños y niñas, miembros y miembras…

Podría seguir enumerando más letanías, hablar de la alianza de civilizaciones, de lo malos que son los americanos y de que los suizos y alemanes son también el demonio, pero les bastará con intentar soportar un rato la Cuatro o la Sexta para que hagan ustedes su propia lista y así llegar a ser unos tíos, y tías, super enrollados…y enrolladas.