Independencia informativa

Nadie debiera arrepentirse de no haber podido o querido estudiar Ciencias de la Información

No parece necesario tener que ser periodista para poder opinar y reflexionar con algo de juicio sobre todo aquello que pueda acontecer a nuestro alrededor, independientemente, claro está, del grado de objetividad que se tenga sobre todo aquello que nos pueda parecer susceptible de ser criticado o alabado aunque, a decir verdad, el propio derecho a opinar libremente implica, ya de por sí, el hecho mismo de que uno  tenga que estar del todo sujeto a los criterios que se desprendan de nuestra propia exigencia y responsabilidad y en consecuencia, también de nuestra esperada subjetividad.

Casi podría decirse que nadie debiera arrepentirse de no haber podido o querido estudiar Ciencias de la Información para terminar finalmente formando parte de un medio tan exigente como parece ser el de un determinado grupo empresarial de la comunicación, cuya línea editorial, desgraciadamente, se opusiera firmemente al derecho a la libertad de información o de expresión, conducta exigida, la mayoría de las veces, por aquellas otras empresas o partidos políticos que, -a cambio de contratar publicidad rentable en las páginas de tu periódico-, te obligaran a la vez a verter tu sesgada opinión en beneficio de sus anunciados “productos” los primeros o en favor de sus  “magníficos” programas electorales los segundos, mucho antes de que te haya dado tiempo a arrepentirte.

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La gran ventaja que se obtiene del hecho de no pertenecer a la nómina de ningún medio de comunicación de esas características por carecer del título oficial de periodismo, te hace como mínimo justo acreedor de convertirte en un “opinador” profesional, accidental y/u ocasional, que sólo debería rendir cuentas consigo mismo, sin olvidar por ello la gran responsabilidad que entraña abordar determinados temas que por su especial relevancia o por escabrosos, puedan herir susceptibilidades entre tus propios lectores. Por ello, resultaría más que imprescindible el reconocimiento del denominado periodismo independiente que, a nuestro juicio, debe ser aquel que nos ofrezca mayores y mejores garantías de credibilidad.

Sin embargo y a pesar de que todavía existan profesionales de la comunicación dispuestos a disfrutar de las prebendas ofrecidas por parte de ciertos empresarios y políticos a cambio de cuidar su deteriorada imagen a través de la prensa para la que aquellos escriben, quiero romper una lanza en favor de todos aquellos otros profesionales que salidos de las escuelas de periodismo, aún hoy en día se esfuerzan por superar todas las trabas y barreras que supone el simple hecho de ejercer su trabajo casi siempre en precarias condiciones, a cualquier precio y en cualquier  medio de información, sea éste o no respetuoso con los conceptos indispensables a tener en cuenta, como es la siempre tan deseada libertad de información o de expresión.

Particularmente, hoy tengo la enorme suerte de pertenecer en calidad de “opinador” a este tipo de periodismo independiente al que me refiero y del que me siento enormemente agradecido.

zoilolobo@gmail.com

Editado por ArPeWeb

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