No fiarse de las apariencias

Bajaba yo tranquilamente acera abajo, silbando una vieja melodía de Broadway cuyo nombre no recordaba entonces, cuando al llegar a la esquina próxima recibí el encontronazo de un muchacho que, al parecer, enfrascado como iba en descifrar algo en la pantalla de su móvil, no acertó a percatarse de mi presencia.

Visiblemente enojado por la colisión fortuita, se sintió obligado a interpelarme sin ningún reparo.

¡A ver si mira Vd. por dónde anda, abuelo!

Se trataba de un joven con el rostro acribillado a piercings, móvil en mano, lacito amarillo metálico en la pechera, la capucha caída sobre la espalda, entre los omóplatos y un puñado de rastas en la coronilla. En definitiva, uno de esos cientos de jóvenes de los que lo escriben todo con “K”.

¡A ver si voy a ser yo el que ha tenido la culpa; que paseaba tranquilamente silbando!, contesté a mi vez no sin cierto reparo.

¡Sí, claro, silbando Cantando bajo la lluvia, (Singin´in the rain) con el solero y el calor que hace hoy en Barcelona! ¿Cree usted acaso que esto es Broadway? -preguntó insolente no sin un atisbo de razón en este sentido por su parte.

Las relaciones sociales en Barcelona se han ido deteriorando paulatinamente hasta llegar a extremos como el que acabo de citar. Máxime cuando se han hecho públicas las declaraciones atribuidas a algunos de los detenidos, -miembros al parecer de los CDR-, imputados todos ellos por actos de terrorismo y manipulación de explosivos.

No se trata de generalizar, porque bien es verdad que la inmensa mayoría de jóvenes independentistas catalanes no presentan, ni mucho menos, un perfil tan anecdótico ni tan radical como el mostrado por el personaje en la introducción de este artículo, pero si quiero poner de manifiesto que por el sólo y simple hecho de que el protagonista de la anécdota llevara fijado al pecho un lacito metálico amarillo, con todo lo que ello significa, pone de relieve la connotación que una inmensa mayoría de la población, generalmente no catalana, cree que existe entre aquel perfil específico descrito y la voluntad de desear la independencia de un país.

Yo, desde luego, no suelo caer en esa trampa que a propósito o no, intentan tender algunos y espero que tampoco caigan en ella los miles de abuelos que como yo no hallamos nacido en Cataluña a pesar de llevar viviendo en este país mucho más tiempo que la mayoría de miles de jóvenes radicales sí nacidos aquí y que se manifiestan hoy libremente por las calles de sus ciudades.

zoilolobo@gmail.com

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