Vacaciones en el Puerto de la Cruz

Espero y deseo que no me arrepienta de haber elegido el Puerto de la Cruz

A partir de hoy y durante dos semanas dejaré de interesarme por todo aquello que nos afecta en materia política, social, deportiva, culinaria, sanitaria, etc., etc., para dedicarme exclusivamente a disfrutar de unas merecidas vacaciones en un lugar tan apartado y tan alejado de dónde hoy vivo, pero no por tales circunstancias menos idílico y apacible como puedan ser las Islas Canarias.

Espero y deseo que no me arrepienta de haber elegido, como en otras muchas ocasiones, el Puerto de la Cruz en la isla de Tenerife, donde viví durante mi juventud y en donde aún quedan amigos tan maduros como yo mismo con los que compartir pequeñas sorpresas, anécdotas, mesa y mantel y quizá también un baño de mar en San Telmo, desde dónde apreciar el batir de las olas, impulsadas por la marea alta, hasta romper en la Punta del Viento.

Cargaré como antaño con mi inseparable Nikon con la que fotografiaré todo aquello que me parezca novedoso, distinto o diferente a como yo conocí el Puerto en las décadas de los setenta y ochenta del siglo veinte y del que guardo cientos de negativos que me retrotraen a aquel pasado vivido en una época de esplendor cuando en la península la nostalgia se apodera de mí hasta límites insospechados.

No sólo recordaré los rincones de un paisaje determinado marcado por el recuerdo, sino también a todos los amigos que por razones obvias ya no se encuentran entre nosotros, los que todavía sobrevivimos a pesar del devenir que el presente nos tiene siempre reservado en materia política, social, deportiva, culinaria, sanitaria, etc., como ya he señalado al principio.

Somos los supervivientes de los avatares de la historia de España desde el final de la segunda guerra mundial en la que por suerte no participamos, pero cuyas consecuencias, además de la dictadura franquista que desgraciadamente nos tocó vivir, convirtió a nuestros padres en herederos de la más estricta necesidad durante tantos años e inmersos en la más absoluta pobreza de la que con el tiempo pudieron sacudirse de encima con la redención por el trabajo, por suerte y para beneficio de nosotros sus hijos

Hoy he querido olvidarme del destino que pesa sobre el llamado Valle de los Caídos y del Pazo de Meirás pero, sin embargo, me alegro mucho de regresar de nuevo hasta el lugar que nunca debí abandonar y, con mi peregrina presencia, rendir un sincero homenaje a la memoria de todos aquellos que han fallecido en mi ausencia: mis padres, hermano y amigos que hoy descansan en el sencillo cementerio del Puerto de la Cruz.

zoilolobo@gmail.com

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