La Filarmónica de Viena, juguete de un niño de 71 años

Daniel Baremboin besa a la arpista de la Filarmónica de Viena.
Daniel Baremboin acaricia la mejilla a una de las arpistas de la Filarmónica de Viena.
  • El niño prodigio Daniel Baremboim emocionó al mundo con su concierto
  • Cada mañana de año nuevo los amantes de la cultura esperan las sorpresas que llegan desde Viena
Un gesto característico del gran director.
Un gesto característico del gran director.

El tradional concierto de Año Nuevo se viene celebrando desde al año 1939 en el Musikverien, Viena. Este año fue dirigido por el maestro argentino-israelí-palestino Daniel Baremboim, y  según la crítica ha resultado ser el mejor que se ha escuchado en los últimos años, aunque el propio maestro ha dicho en la presentación de esta edición a la prensa que el mejor concierto, e irrepetible, ha sido el que estuvo bajo la batuta de Herbert von Karajan, en el año 1987 y en el que intervino como solista –de manera excepcional– la soprano-coloratura estadounidense Kathleen Battle.

La función, que cada año se lleva a cabo la  mañana de Año Nuevo, es una tradición que tiene setenta y cinco años, se basa en valses y polcas de la familia Strauss y en ella hay unas determinadas obras que son tradicionales. Una es el vals Danubio Azul, otra la Marcha Radetzky, de Johann Strauss, una pieza compuesta en honor al mariscal de campo austríaco, conde Joseph Wenzel Radetzky, que en una serie de victorias salvó el poderío militar de Austria en el norte de Italia en el transcurso de la revolución de 1849.

Esta obra es especial, el público acompaña con palmas la interpretación de la orquesta y  los directores invitados nos sorprenden con improvisaciones. En esta ocasión, Baremboim, alabó la labor de los profesores de la Filarmónica, saludando uno por uno a los músicos que integran la orquesta.

El maestro besa a una violinista de la orquesta.
El maestro besa a una violinista de la orquesta.

Además de estas obras tradicionales, este año se cumple el centenario del comienzo de la I Guerra Mundial; por ello se ha desarrollado bajo el signo de la paz, tocando la orquesta el “Vals de las palmeras de la paz”, de Joseph Strauss. Apuntar que el 28 de junio próximo, la Filarmónica de Viena actuará en Sarajevo para conmemorar el asesinato del archiduque Francisco Fernando, considerado el hecho que desencadenó la primera gran guerra, donde el imperio austro-húngaro jugó un papel decisivo.

Regresando al conductor de la orquesta, resta decir que, si hay niños que juegan todo el día y sus padres comentan que nunca se cansan, en los últimos años cada vez que al genial maestro se le ha preguntado por lo que quedaba de aquel niño prodigio, siempre respondía en su tono jovial y desenfadado: “Sigo siendo un niño”; y este año lo ha demostrado ante los millones de telespectadores que disfrutaban de uno de los mejores conciertos de Año Nuevo de la historia.

En enero del próximo año, Baremboim dejará de ser director artístico de la Scala de Milan. Lo sucederá Zubin Mehta, pero eso no significa que piense en retirarse de los escenarios. El maestro nunca ha sido un director de moda, su prestigio ha sido construido en base al talento y una claridad intelectual y social que no todos son capaces de alcanzar. Su constancia y dedicación, sumados a su talento, lo convierten en un músico de referencia, con pensamientos universales e interpretaciones excelentes que consiguen la aprobación del público y la crítica. Y esta vez el concierto en el que todos desearíamos estar no fue la excepción.

Gesto de apoteosis final.
Gesto de apoteosis final.