Una epidemia de ceguera

A Iglesias se le pone tiesa la coleta.
A Iglesias se le pone tiesa la coleta.

Probablemente, si asistiera a un curso de ética periodística –que no lo voy a hacer – dirían que voy vestido de amarillo. ¡Pues no! La triste realidad de nuestro país, de España –y no por llamarla por su nombre soy facha–, es que hay un peligroso virus circulando por nuestro país que está provocando la ceguera en miles de empadronados con derecho a voto.

Podemos, es más… debemos decir, que esta ceguera no tiene explicación lógica. ¿Cómo se puede explicar que miles de personas –muchas de ellas en chancletas– aplaudan a rabiar una ley mordaza para la prensa? No creo que podamos o debamos permitir que el Estado controle lo que se dice en los medios.

¿No es ceguera que haya líderes políticos, también en chancletas, que hagan genuflexiones ante los regímenes bolivarianos o cubanos y que, encima, haya personas que aplaudan esto? Considero que en democracia no podemos aceptar estos extremismos.

¿Podemos permitir en un país que ha sufrido cientos de muertos por la barbarie del terrorismo que algún líder justifique como algo político esta crueldad? Por causas similares se han ilegalizado partidos políticos. Ahora bien, como en España somos muy quijotes, aplaudimos hasta que la coleta se nos pone tiesa.

En una sociedad como la española, enganchada a programas de televisión pedorros de todo tipo, donde los que los conducen e intervienen en ellos no tienen ni puñetera idea de nada, no podemos  permitir que se invite a estos espacios a ciertos personajes para que con un discurso distorsionado y cuidadosamente estructurado laven el cerebro y adoctrinen a sus futuros acólitos.

En este periódico digital se han publicado informaciones muy duras y explicitas sobre la situación en Venezuela, por ejemplo. ¿Cómo podemos los españoles caer en la trampa de la palabrería más falaz?

Podemos afirmar que esta ceguera viene dada porque la casta política ha fomentado que se pueda, con un discurso facilón y retorcido, que haya personas con mucho dinero procedente de lugares siniestros, actuando en tertulias y captando el voto de la tristeza y la desazón.

Sólo me resta decir que, gracias a los medios que ahora se pretende controlar y capar con el peor estilo bolivariano o cubano, algunos han podido llegar al lugar que ocupan y formar parte de la casta que tanto criticaban.

Si por fin pueden censurarlos, se lo habrían ganado a pulso –por idiotas–; ellos han sido los responsables de introducir este virus en el sistema, que ha provocado que miles de españoles parezcan ciegos ante lo que es evidente. La única vacuna posible es la información y la cultura suficientes para poder procesar esa información.