Ilusión

 

Tras esa humedad salada proveniente del mar se escondía para los jóvenes del resto de la isla la tierra prometida. Unas millas más allá de esa rapadura solidificada del primer término, el Puerto de la Cruz iba tomando cada vez más nitidez hasta alcanzar su máximo esplendor en forma de moderna arquitectura en la que se convertía el litoral del hermoso valle de La Orotava.

En ese Puerto de la Cruz teníamos depositadas todas las esperanzas que podíamos aglutinar cientos de jóvenes emprendedores con ganas de labrarse un futuro a base de la ilusión que según el magnífico artículo de  Salvador García adolece hoy en día entre los vecinos del lugar. No me encuentro ahí para comprobar esa falta de ilusión a la que alude el periodista pero me consta que si él lo afirma ha de ser verdad y es que como siempre se ha dicho, “la ilusión es lo último que se pierde”.

Sin embargo, me pregunto en que puede consistir esa desilusión que, en general, embarga el ánimo de los portuenses: ¿quizás la rutina diaria de tener que ganarse la vida a costa de los miles de turistas que les visitan? ¿O tal vez la rutina que supone soportar todo el año un clima benigno de temperaturas suaves y sin grandes sobresaltos?

En cualquier caso, supongo que no faltarán ofertas culturales, compromisos empresariales, motivaciones emprendedoras, etc., etc. que devuelvan en la medida que sea posible esa ilusión perdida tan necesaria para alcanzar metas concretas de felicidad permanente, siempre al amparo del progreso y del interés que despierta el futuro inmediato del propio Puerto de la Cruz, hasta conseguir despejar del todo aquella tenue humedad salada que le envolvía entonces  y que a mí me sorprendió desde un punto tan distante como la Rapadura.

zoilolobo@gmail.com

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