Playa de Martianez y el Cintra Pirata

 

No podría precisar ahora a que edificio corresponde la cornisa en la que posa mi querido hermano ya fallecido y desde la que se aprecia la playa de Martianez en la época en la que todavía se encontraba la edificación de planta circular del que en un principio fuera llamado Cintra Pirata y desde donde se dominaba el Atlántico. La parte inferior de la edificación rectangular anexa a la planta circular correspondía a las cabinas donde poder cambiarse de ropa. La parte superior estaba destinada a terraza donde en ocasiones, sobre todo los domingos, se podía disfrutar de música en vivo a cargo de grupos locales. La última planta de la edificación circular formaba parte de la discoteca.

Toda esta zona de playa estaba dominada entonces por un popular guarda-playa portuense de nombre Juan quién para su edad presentaba un aspecto fornido del que presumía muy a menudo y al que no le gustaba demasiado la presencia en la playa bajo su jurisdicción de los nativos isleños que acudía a varar sobre una simple tabla de madera aprovechando el incesante oleaje que se producía en ese punto concreto de la costa. De modo que sus íntimos amigos lo formaban los turistas que a la vista de su bronceado cuerpo musculado, eran los primeros en acreditar que el clima de la isla y su temperatura eran los elementos indispensables que obraban el milagro en aquel hombre que ya empezaba a rozar la sesentena. Podría decirse que, a la sazón, Juan actuaba como un verdadero reclamo publicitario en favor de la salud en un lugar sano y tranquilo como el Puerto de la Cruz.

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