Profetas sin tierra

Es muy común el uso de refranes para justificar los errores que cometemos y así intentar salir airosos de situaciones comprometidas. Cuando hablamos de todos los que han tenido que dejar nuestra tierra por motivos dispares decimos: “Nadie es profeta en su tierra” y nos quedamos tan anchos.

Tenerife es un ejemplo claro; en más ocasiones de las deseadas hemos oído o leído a profesores universitarios, periodistas o personajes ilustres de la vida cultural de la isla referirse a la huída de cerebros, a la escapada forzosa a la que se ven abocados por la desidia de los gobiernos autónomos, insulares y locales que hemos tenido que sufrir. Jóvenes inteligentes en todas las disciplinas forman parte del éxodo cultural que se produce en Canarias desde siempre.

El mundo de la música no permanece ajeno a esta dinámica, muchos y muy buenos son los profesionales que se han aventurado a dar el salto al extranjero con unos resultados magníficos. Hablamos de músicos que están en primera línea de la escena internacional con actuaciones en la Scala de Milán, La Fenice de Venecia, Opernhaus de Zürich, Ópera de Tokio, Royal Opera House del Covent Garden o Royal Abert Hall de Londres y un largo etcétera de las más famosas tablas del mundo.

“Un homenaje de Bel Canto excelso”, “Delirante entusiasmo” o “Inconmensurable” son algunos de los calificativos que nuestros músicos más internacionales reciben de revistas especializadas y críticos musicales. Estos profesionales, como poco, ven sobre el papel su nombre correctamente reflejado. Como anécdota comentar, que en una ocasión uno de los mejores tenores de la actualidad vio con horror como en un programa del concierto que daría en su ciudad natal, escribían su apellido de forma incorrecta y sin el más mínimo rubor por parte de la concejalía cultural de turno.

Sorprende tanto desconocimiento de políticos y población  inmersos  en la vulgaridad y la incultura. Los políticos preocupados por ofrecer pan blandito y circo para entretener a sus súbditos y éstos dejándose convencer como moscas que acuden a su comida. Salvo contadas y honrosas excepciones la vida cultural de nuestra tierra se alimenta en un dornajo común donde se ofrecen las migajas de lo que les ha sobrado a sus “apesebrados” seguidores.

Y como el título es profetas sin tierra en alusión a un refrán, deberíamos tener en cuenta lo que decía un político francés llamado René Lefebvre de Laboulaye a finales del siglo XIX: “Los pueblos son una cera blanda; todo depende de la mano que les imprime el sello” … ¡Así nos va!

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