País Vasco, una de las joyas de la Corona

El lema elegido por Turismo del País Vasco para promocionar esta privilegiada región española es “Euskadi, Basque Country”, una opción que puede chocar a los más puristas del español, pero que es acertada, teniendo en cuenta que los buscadores de Internet llevarán con estas tres simples palabras a sus páginas turísticas a los interesados que por todo el mundo busquen información sobre el destino.

Flish desde San Telma, sobran comentarios./ Kiosco Insular.

El País Vasco es uno de los grandes desconocidos, sobre todo por el temor que su reciente y triste historia ha dejado en nuestra memoria. Los bárbaros, de todos conocidos, se ocupaban en los momentos de bonanza de quitarte de la cabeza un hipotético viaje a sus tierras; pero eso ha pasado a mejor vida. Cada día se ven más turistas recorriendo sus pueblos y ciudades; compartiendo lo que estos energúmenos nos tenían vetado.

Aún se pueden ver en algunas calles las reivindicaciones de los terroristas y sus afines, esto no es motivo para restarle belleza al increíble panorama que se nos abre ante nuestros ojos nada más tocar tierra en el aeropuerto de Loiu, en Bilbao.

Al tomar la primera autopista que nos llevará al hotel nos damos cuenta de la calidad y el magnifico estado de señalización en el que están sus infraestructuras, pero no sólo las de peaje. Autovías, carreteras nacionales, autonómicas y locales, presentan un estado de mantenimiento que ya quisiéramos en nuestra tierra canaria. Aunque parezca una exageración, no recuerdo un bache ni en carretera, ni en ciudad.

El paisaje de toda la cornisa cantábrica es espectacular, pero Euskadi es una joya que hay que descubrir y disfrutar íntegramente. Pueblos tranquilos, caseríos apartados y ciudades con una vida económica digna de las grandes urbes europeas y un tejido industrial que, a pesar de la crisis, se mantiene vivo causando envidia sana de ver tanta actividad.

Euskal Herria, como le gusta a los vascos llamar a su comunidad, tiene a lo largo de su costa pueblos que todavía se pueden permitir el lujo de vivir del mar, subsistiendo de cara a éste, sin darle la espalda. Zumaia, Pasaia, Zarautz, Ondarroa, entre otros, son un claro ejemplo.

Si los paisajes de esta zona son todo un espectáculo, la denominada Ruta del Flysch es indescriptible. La naturaleza se muestra en todo su esplendor y bravura, dando formas caprichosas al litoral que parte desde Zumaia hasta Mutriku, pasando por Deba.

Pero no todo es mar y costa, sus montes son una sinfonía de colores escondiendo recónditos secretos en sus múltiples cuevas y minas.

Sobre la gastronomía y sus ciudades hablaremos en otra ocasión, pues merecen un trato diferenciado.

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