Elogio de una amistad

Foto de Zoilo López Bonilla.

Todos hemos sentido hoy la pérdida de un gran amigo en la persona de Rafael Cobiella, lamentablemente fallecido ayer a mediodía en el Puerto de la Cruz, ciudad que amaba profundamente y de la que yo también me enamoré recién llegado de La Cuesta, donde viví mi infancia hasta entonces. Pero mi adolescencia obtuvo como fruto la desinteresada amistad de muchos jóvenes, entre ellos la de Rafa, como los que encontré en el Colegio de Segunda Enseñanza, donde me había matriculado de quinto de bachiller a mi llegada y en cuyas aulas cultivé mis primeros amigos.

Rafa me pareció siempre distinguido, educado, simpático y junto a él todo parecía relativamente fácil. Sin embargo, en ocasiones tuve la sensación de que a menudo parecía tener prisa, sobre todo, por acabar en aquel entonces su bachiller superior, para matricularse, por prescripción casi facultativa, en la Facultad de Medicina de Sevilla, siguiendo una tradición familiar que culminaría en su especialidad de Pediatría.

Una vez en Sevilla, Rafa no perdía nunca ocasión de regresar, aunque sólo fuera un fin de semana, para visitar a su familia y amigos más cercanos entonces, entre los que se encontraban Jesús Baixas, Aurelio Camacho, Carlos Frosterus, Paco Pérez y yo mismo. Recuerdo que en una de sus apariciones me aconsejó participar desde el Puerto en un concurso fotográfico, que terminé ganando, en la Facultad de Medicina de Sevilla y cuyo premio en metálico lo dedicamos luego en organizar un copioso ágape para todos. De manera paralela, Jesús Baixas también cursaba entonces estudios de, si mal no recuerdo, filología inglesa en la Universidad de La Laguna. Pese a todo ello, solíamos coincidir con sus visitas, pero sobre todo en las vacaciones de verano, durante las cuales Rafa disfrutaba de lo que, en mi opinión, más le gustaba hacer: tejer aún más profundamente aquellos lazos de amistad que nos unía, los baños en Martianez, la música nada convencional que escuchábamos entonces (Trafic, Deep Purple, Dylan, Frank Zappa, Croby, Still & nNash, etc.) y disfrutar del mundo del automóvil del que fuera un gran forofo.

Rafa dejaría entre nosotros una profunda huella de auténtica humildad y un tiempo precioso dedicado a mantener una amistad que siempre estuvo fuera de toda duda, como corresponde a un auténtico caballero, y a un profundo conocimiento que tenía de lo cotidiano, de lo palpable, de lo racional. Nunca perdió de vista la responsabilidad que suponía el hecho de tener que seguir los pasos de su padre, Don Celestino y de su hermano Pedro Luís y eso se tradujo en una disciplina no exenta, sin embargo, de la flexibilidad que se requiere para convertirse en el adalid de una tradición familiar que le condujo hasta la cúspide de lo que hoy significa Hospiten a nivel empresarial y, sobre todo, de Asistencia Sanitaria.

Su fallecimiento supone para su familia paterna, esposa, hijos y amigos una pérdida tan irreparable que no cabría esperar un mejor hijo, mejor hermano, mejor marido, mejor padre y mejor amigo de lo que fue para todos nosotros Rafael Cobiella.

Descanse en paz.

zoilolobo@gmail.com

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