Feliz matrimonio

-Si como confiesas, tanto me quieres, ¿Por qué no me dices cuánto ganas, Adán? -preguntó ella apoyada negligentemente en el filo de la mesa del comedor-

-Gano bastante más que lo mucho que te quiero, Eva -respondió su marido llevándose a un tiempo la palma de la mano derecha hasta palpar la abultada cartera alojada en el bolsillo interior de su americana de Armani

-Y tú, ¿me amas con la misma intensidad, Eva? -preguntó a su vez Adán, con un notable mohín de duda dibujado en la comisura de sus labios-

-Deberías saber -contestó ella con una descarada sonrisa mercantil mientras hablaba- que por muy bien que te vayan los negocios, por muchos triunfos que obtengas en política y por mucho dinero que ganes, nunca dejaré de amarte como te mereces.

¡Cuán feliz me haces al oír eso, Eva!

Ni que decir tiene que ese matrimonio duró toda la vida. El mismo tiempo que él estuvo dedicado en cuerpo y alma a la política activa, al frente de un partido contra el que nunca se pudo probar su obscura financiación ilegal y mucho menos su galopante sospechosa corrupción sin que ella nunca acabara por enterarse.

zoilolobo@gmail.com

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