Libertad de prensa

Nos están filmando impunemente cada día sin el menor escrúpulo y sin el consentimiento previo y explícito de cualquiera de todos nosotros

Hoy me he encontrado en una situación controvertida como consecuencia de mi innata predisposición a fotografiar todo cuanto ocurre a mi alrededor aunque sin la menor intención de introducirme donde no me llaman y mucho menos la de colarme  en el ámbito privado de las personas.

Instantánea de la situación vivida por el autor./Zoilo López.

Todo ello devino en una civilizada discusión con el jefe de la policía municipal de Llagostera, pueblo al que acudo regularmente cada día, en relación a si yo tenía derecho a tomar fotos en la vía pública de una supuesta agresión padecida por un toxicómano que yacía en el suelo con una herida sangrante en el muslo y que estaba siendo atendido por un supuesto médico que ni siquiera se identificó como tal a la hora de auxiliar al herido.

Un jefe de policía decide dejar actuar a un paisano que no conoce de nada pero que en calidad de médico y sin identificarse siquiera se ofrece a prestar ayuda a un herido por arma blanca; hasta ahí, más o menos bien. Sin embargo y a pesar de que a mí sí que me conoce, ese mismo jefe de policía decide poner en cuestión el derecho que me asiste a tomar fotos en la vía pública del suceso acaecido a pesar de aclararle de que no me encuentro en un ámbito privado que me excluya de tal proceder y que por tanto mi única intención es sólo la de informar gráficamente del suceso e incluso, si fuera menester, la de poner a disposición de la policía municipal el material fotográfico obtenido.

Para colmo, en un momento dado, el supuesto médico se dirige a mí para advertirme de forma contundente de que el herido en cuestión estaría en su derecho de interponer una demanda por un delito de intrusión pero olvidando por otra parte, tal y como yo argumenté, que en realidad, la demanda la tendría en todo caso que interponer en contra de aquel otro sujeto que le había asestado la puñalada.

A la conclusión que en definitiva llegué es que hoy día parece menos sospechoso el que alguien pueda utilizar un móvil para tomar fotografías de cualquier acontecimiento por grave que este parezca pero cuando alguien como yo, en la misma situación, hace acto de presencia con una cámara profesional, todo el mundo se pone muy nervioso y suele olvidar que tanto en un caso como en otro la práctica de la fotografía muchas veces ha ayudado a la policía a desentrañar pleitos mucho peores que el vivido hoy por mí.

Han querido hacerme creer culpable de un delito de intrusión mientras que cientos de cámaras en la calle, en los establecimientos, en los estadios, etc., etc., nos están filmando impunemente cada día sin el menor escrúpulo y sin el consentimiento previo y explícito de cualquiera de todos nosotros.

zoilolobo@gmail.com

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