Que nos quiten lo «bailao»

Su Excelencia, el Generalísimo de los tres ejércitos Francisco Franco Bahamonde por la Gracia de Dios, jamás fue visto bailando en público o por lo menos eso es lo que se desprende de la ausencia de documentos gráficos de la época, incluidas las distintas secuencias del NODO (Noticiario Documental) en el que sí aparece a menudo aunque en otros distintos menesteres propios de su cargo y no como pareja de baile de su delgadísima esposa Carmen Polo. Nunca sabremos si amaba o no el baile porque jamás se atrevió ni siquiera con un gracioso minué o una triste pavana. Y aún mucho menos con una alegre polca o con un endiablado pasodoble español con el que se supone que tanto se identificaba.

Baile de salsa./Wikipedia.

Franco, sin embargo sí que alardeaba de marinear y pescar a bordo del yate Azor en aguas poco profundas, todo hay que decirlo, y en ríos de poco caudal, no fuera que se lo llevase la corriente y ¿Cómo no? también presumía de ser un experto cazador en campos de Castilla pero lo que se dice bailar, bailar, no parecía ser su fuerte.

Y eso que poco después de la Cruzada de Liberación Nacional, el Caudillo por Dios y por España instauró un mecanismo inspirado en el nacionalismo que daría lugar al entonces llamado Movimiento Nacional o, simplemente, Movimiento.

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Pero para movimiento, por suerte, ya estaban los hombres y mujeres de nuestra excolonia cubana, con sus cimbreantes caderas al ritmo frenético y afro del guaguancó con sus tres tumbadoras, el son, la guajira y la rumba caliente que, -como rezaba la letra de la vieja canción-, era mejor que el suave foxtrot americano.

Sin embargo, su excelencia durante la dictadura, continuaba, metafóricamente hablando, sin mover entonces el esqueleto, razón por la cual sus nietos y demás familiares hoy en día solicitan que se respete la voluntad manifiesta de su abuelo para exigir que no sea exhumado de la cripta del Valle de los Caídos en la que aún permanece. ¡Vamos!, por si acaso, mejor no meneallo.

Mientras tanto, sus nietos, bisnietos y demás familiares, de puertas para adentro continúan exclamando inexplicablemente: ¿Qué más da? ¡Que nos quiten lo bailao!

zoilolobo@gmail.com

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