Taxi y colchón

El cambio de colchón en la Moncloa que Pedro Sánchez describe en su libro Manual de Resistencia no se debió, ni mucho menos y como pueda parecer, a una simple cuestión rutinaria de higiene personal sino, más bien, de higiene política por cuanto el sr. Rajoy, durante su dilatada legislatura, siendo aún inquilino de La Moncloa, lo habría rellenado de sueños imposibles, de metas sin conquistar, de fracasos institucionales, de crisis de Gobierno, etc. y que según el hoy también presidente dimitido, ajustándose al refrán por todos ya conocido y por el que ha sido ampliamente criticado, tomara la rotunda decisión de sustituirlo por otro nuevo, cuyo negativo contenido interior no terminaría interfiriendo ni condicionando la que sería su estrategia futura de gobernar como nuevo Presidente electo tras la moción de censura a Rajoy.

Muchos se preguntan ahora y con razón si pese al mal augurio que presagiaba el elegido refrán, Pedro Sánchez habría entonces permitido a su señora esposa compartir cama sin que su delicada presencia condicionase su propia opinión tal y como creyó en un principio que podría ocurrirle sobre el viejo colchón desechado donde en su día durmiera no tan plácidamente su homólogo Mariano Rajoy.

En cuanto a la anécdota que publica sobre el taxista debería admitirse sin menoscabo de la profesionalidad de Irene Lozano que parece estar, cuanto menos, mal redactada de principio. Según cuenta en primera persona Sánchez, “un taxi le cogió en la calle…”. ¿Le habría hecho mucho daño? –se preguntaron con razón algunos.

En realidad, fue Sánchez quién tomó un taxi y tras indicarle al taxista la dirección, este se pondría rápidamente en movimiento. Al parecer y según el ya expresidente, el taxista, a través del retrovisor no le quitaba ojo de encima hasta que, por fin, se atrevió a formular la pregunta ya esperada:

-¿Es Vd. el que a mí me parece que es? –sin dejar de mirar por el retrovisor.

-¿Y quién cree Vd. que soy? –preguntó irónico a su vez Sánchez.

-¡Hombre! Pues, Pablo Casado. –el taxista no sin cierta admiración.

-Pues, se equivoca Vd. rotundamente. Soy Pedro Sánchez –contestó en plan cliente el expresidente.

-¡Perdone! ¡Ahora caigo! El del colchón, ¿no?

-Pare aquí mismo, por favor, -ordenó Sánchez- y quédese con el cambio, -mientras le extendía un billete de diez cuando se apeaba visiblemente enfadado del taxi.

-¡Muchas gracias!, sr. Casado, -aún gritó por la ventanilla el taxista-. Continuaré votándole como siempre.

zoilolobo@gmail.com

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