16 de julio de 2019

El espíritu de fraternidad que se vive en ese preciso instante entre el gentío fomenta la excelente cooperación entre vecinos

Embarcación de la Virgen del Carmen./ puertodelacruz.es

Regresé de vacaciones a Cataluña con la misma frustración en lo político con la que me marché; sin que nuestros representantes quisieran ponerse de acuerdo en todo ese tiempo en formar un gobierno estable de coalición con el que lograr la gobernabilidad de un país que está pidiendo a gritos acuerdos entre todos los partidos para tratar de salir de esta profunda crisis política en la que España se siente inmersa. Habrá que esperar pues hasta septiembre para saber si es cierto que habrá investidura o si, por el contrario, nos precipitaremos irremisiblemente en unas nuevas elecciones de las que todo el mundo reniega al reconocer la incapacidad de algunos para afrontar el imprescindible reto de entenderse entre sí y salir de este “bucle” que tiene paralizado al país.

Pero a falta de entendimiento entre los partidos, por lo menos en el Puerto de la Cruz, donde suelo pasar mis generosas vacaciones, contamos con los favores que suele conceder la popularísima Virgen del Carmen a todos aquellos que ya no esperan nada del gobierno, pero sí de la fe que alberga la mayoría de ciudadanos por la ilustre y generosa patrona del mar y de todos los marineros.

Cada dieciséis de julio de cada año, la devoción que la mayoría de los portuenses profesan por la Virgen del Carmen va mucho más allá del fervor popular que suscita su majestuosa presencia en procesión hasta el mar por las distintas calles del Puerto de la Cruz, hasta llegar al muelle, donde los cargadores se verán con el agua hasta el cuello para, no sin esfuerzo, aposentarla en la cubierta, a bordo del nuevo San Ramón que le espera fondeado cerca de la orilla, mecido por la marea y la algarabía que producen los miles de fieles allí congregados para su embarque.

El espíritu de fraternidad que se vive en ese preciso instante entre el gentío, fomenta también la excelente cooperación entre vecinos, para posteriormente organizar en las distintas calles del popular barrio de La Ranilla unos festejos culinarios, con música incluida, en los que se degustan distintos platos de la excelente tradicional cocina criolla canaria al ritmo de calientes y sabrosos sones cubanos.

En consecuencia, esta veneración popular por la Virgen pone de manifiesto el valor que para los cristianos supuso en su día el final de la iconoclastia, movimiento que en los siglos VIII y IX de nuestra era se desató en el Imperio Bizantino y que muchos siglos más tarde, a lo largo del XVI, Lutero volvería a hacer uso de ella para rechazar el dogma de fe sobre la Virgen María en particular; hasta el punto de que los llamados hoy protestantes consideran su veneración de idolatría.

Sin embargo y pese a todo, rechazo particularmente el carácter oficial con que las autoridades civiles y militares locales del Puerto de la Cruz le conceden a la figura de la Virgen del Carmen, procesionando, sin ningún pudor, a la cabecera del cortejo religioso, máxime cuando el artículo 16,3 de la Constitución española advierte de que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”.

zoilolobo@gmail.com

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