Aura y caricatura

La pasada semana, en el Parlament de Cataluña, se vivieron momentos de auténtica tensión dramática

El Senado tendrá que decir algo sobre los hechos ocurridos en el Parlamento Catalán./Senado.

El año entero que he ido empleando en hacer caricaturas a lápiz de los políticos españoles de turno durante cada una de sus legislaturas, ha dado como resultado no tomarme nada en serio los argumentos que utilizan en sus declaraciones programáticas para lograr captar mi voto en particular. Y es que, a fuerza de imaginármelos caricaturizados, -cuando no retratados por mí-, les desvinculo de ese aura con el que otra mucha gente parece advertir cuando se presentan en público en mitad de un atrezzo previamente dispuesto y diseñado para conseguir tal efecto entre los asistentes.

Vistos desde esa perspectiva en la que yo a propósito distorsiono la realidad a mi voluntad en virtud del sentido del humor con que me tomo casi todo lo que me rodea-, los políticos de turno no parecen en modo alguno del todo creíbles, hasta el punto que cuanto más fácil me resulta elaborar la caricatura de cualquiera de ellos mucha menos credibilidad les concedo. De modo que como todavía no he encontrado demasiada dificultad en llevar a cabo esa simulación, ninguno de ellos me resulta muy de fiar y mucho menos ahora que tendremos que asistir voluntariamente a votar basándonos en las premisas que cada uno de ellos promete en sus discursos o en los debates televisivos donde la pantomima que representan en el plató se presta mucho mejor al estilo teatral de la Comedia del Arte italiana.

La prueba de ello la tenemos en el esperpento político, digno de Valle Inclán, en el que se había convertido la exhumación del dictador de la tumba donde reposaban sus restos en el Valle de los Caídos. Incluida la parafernalia llevada a cabo durante las visitas de sus simpatizantes, legionarios y falangistas, con algarabía de himnos patrióticos y flamear de banderas, aprisionadas por las garras de un águila imperial de siniestro y triste recuerdo para muchos de los demócratas españoles que hoy aceptan una constitución que, si bien puede ser todavía revisable, su aceptación sirve de salvoconducto y acicate para tratar de contrarrestar las ínfulas independentistas de muchos de los responsables políticos que forman parte del gobierno de la Generalitat de Cataluña.

La pasada semana, en el Parlament de Cataluña, se vivieron momentos de auténtica tensión dramática entre sus respectivas señorías de los distintos partidos políticos que están a favor y en contra de la Independencia. La desobediencia civil que promulga entre los catalanes el presidente de todos ellos en favor de alcanzar la independencia por la vía, según él, de pacifismo patriótico, ha devenido en la implicación directa de algunos miembros de los llamados CDR (Comités de Defensa de la República) en acciones de carácter violento que comienzan a desarrollarse dentro de un plan concreto de sabotaje,  con la utilización de explosivos, -aunque según sus propias manifestaciones-, sólo con la única intención de “hacer ruido”. ¡Y vaya si lo han hecho! Porque de momento se encuentran en prisión y tal decisión judicial ha sido el auténtico detonador de lo ocurrido ayer en el seno del Parlament.

zoilolobo@gmail.com

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