Culpables

Vista parcial de Puebla, México.

Una cosa es arrepentirnos y otra sentirnos culpables

No sólo yo sino miles de españoles más no nos sentimos en absoluto culpables de los hechos acaecidos durante la muy lejana conquista de América por los que el presidente de México, López Obrador, exige a nuestros representantes que pidan perdón.

Dejando aparte el discurrir de la Historia y desde ese punto de vista, resulta del todo irreversible lo acontecido hace ya más de quinientos años, durante un periodo concreto en el que, sobre todo, los Reyes de España (Isabel y Fernando) y el reino de Portugal (Juan II) llegarían a un acuerdo mediante el llamado Tratado de Tordesillas, en virtud del cual, entre otras cosas, establecía un reparto más o menos equitativo de las zonas de conquista en el Atlántico hasta entonces desconocidas y que, por si fuera poco, también contaba con el beneplácito y la cooperación religiosa, a la sazón, del  papa Alejandro VI.

En síntesis, el Tratado de Tordesillas sentaba las bases entre España y Portugal para convenir el hecho de no abordar de forma indiscriminada los supuestos derechos de conquista del llamado Nuevo Mundo, estableciendo unos límites que por aquel entonces no eran del todo lo precisos ni rigurosos que cabía de esperar pero que, sin embargo, dieron un resultado aceptable desde el punto de vista diplomático.

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A partir de aquellos hechos, la casi totalidad de países europeos fueron depositarios de una sed de conquista sin límites por los que según el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, excepto España, ya todos ellos han pedido perdón por lo sucedido. No olvidemos los casos del Reino Unido, Francia, los Países Bajos, etc.

Una cosa es arrepentirnos del modo brutal en que, en la mayoría de los casos, se llevaron a cabo las conquistas y otra muy distinta es sentirnos culpables en el siglo XXI de los hechos acaecidos hace más de quinientos años, cuando ni siquiera ninguno de nosotros habíamos nacido.

Ya están los historiadores para establecer los límites de tanta leyenda atribuida, sobre todo, a los conquistadores españoles y depurar con sus análisis las conductas probadas, derivadas del cometido específico de todos y cada uno de aquellos que tomaron parte en el descubrimiento del Nuevo Mundo y la posterior responsabilidad que pudieron haber tenido de sus actos los funcionarios de la administración de la justicia así como la intervención en la acción católica ejercida por los representantes de la Iglesia en el vasto continente americano. 

Lamentarlo quizás sí, pero ¿De verdad creen Vds. que debemos pedir perdón por todo aquello?

zoilolobo@gmail.com

 

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