Felicidad encubierta

Familias exultantes rodean enormes paellas mixtas

felicidad Vista parcial de Benidorm.

Durante el verano, especialmente en el mes de agosto, parece flotar en el ambiente una calma existencial muy cercana a lo que mucha gente entiende por felicidad. No importan los miles de sombrillas abiertas que en lugares como Benidorm ocultan a sus propietarios, somnolientos bajo sus sombras mientras los niños, a falta de castillos de arena por construir debido a la especulación del suelo de playa por tanto parasol, juegan a piratas en el trocito de mar azul que los mayores les han designado para no perderlos de vista.

Familias exultantes rodean enormes paellas mixtas colocadas en el centro de la mesa del chiringuito cuyos camareros conceden a los comensales títulos de señor o señora cada vez que estos exigen más hielo para la sangría o servilletas de papel para uso personal: ¡no faltaría más, señora! o ¡enseguida, señor!

Muy pocos echan en falta la situación política de desgobierno por la que atraviesa el país porque el comportamiento general del veraneante parece autónomo, suficiente y eficaz mientras las vacaciones sigan su curso sin sobresaltos y el sol y las temperaturas continúen propiciando una laxitud perseguida por todos desde el año anterior.

Parece una felicidad general encubierta que suscita ciertas dudas sobre si tal periodo vacacional del que ahora disfrutamos debe de ser considerado como la panacea de la gran frustración que genera tanta incompetencia política de aquellos otros, también veraneantes, que nos representan en el hemiciclo, ahora cerrado por rigurosas vacaciones.

Siempre he oído decir, sobre todo en los medios de comunicación y a medida que se aproxima el final del verano, que tendremos un otoño caliente. Y este otoño caliente se caracteriza siempre, a nivel local, por las desavenencias políticas entre partidos y la insufrible sospecha, como en este caso, de estar abocados, entre otras cosas, a unas nuevas elecciones generales.

De modo que ya habrá tiempo para la infelicidad. Hasta entonces disfrutemos de casi lo único que no puede conceder un gobierno que es vivir sin trabajar durante unos días bajo una felicidad encubierta de la que no somos ajenos pero de la que nos sentimos agradablemente engañados.

¡Ya vendrán tiempos mejores!

zoilolobo@gmail.com

leave a reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.