Genuinamente español

Nunca hasta ahora, nadie, ni tan siquiera Fraga, a pesar de ser gallego, había encarnado tan a fondo la bizarría castellana del modo al que como hoy lo hace el representante, de Vox, Santiago Abascal, o dicho de otra manera mucho más ortodoxa, “Santiago y cierra España”.

A horcajadas, a lomos de su montura de pura sangre española, Abascal, hábil con la espada y certero con el mosquete, cabalga lanza en ristre de Sur a Norte y de Este a Oeste, reclamando la imperiosa necesidad de recuperar la pura esencia de lo genuinamente español frente al sincretismo cultural que en otro tiempo se diera cita, sobre todo, en Andalucía y del que ahora aborrece este gran templario del siglo XXI llamado a ser el nuevo libertador de la España que él considera secuestrada por árabes, herejes, comunistas y socialistas de todas latitudes.

Pero, ¿A qué se refiere con lo de “genuinamente español”?

Empecemos, por ejemplo, con la popular y gustosísima tortilla española. ¿Habrá algo más español, desde el punto de vista culinario, que eso? No en vano, fue gracias a Cristóbal Colón que pudimos saciar la hambruna de aquellos siglos gracias al tubérculo traído a Europa por el descubridor desde el llamado Nuevo Mundo. Huevos siempre ha habido en toda Europa, pero, ¿patatas?

De modo que la tortilla española no es que se haya recuperado, sino que nunca se ha perdido de las cocinas españolas. Lo que sí es cierto es que la francesa no puede compararse ni competir con la nuestra porque le falta lo esencial, aquello que en Europa no existía entonces.

Denominación de origen también tienen nuestros exquisitos jamones, pero de ello no pueden dar testimonio la mayoría de los países árabes porque, como todos bien sabemos, su religión no les permite el consumo de tan delicioso manjar, lo que le permite a Abascal tomarse tal prohibición como venganza personal en detrimento de la voluntad del Profeta, respetada por todos los musulmanes.

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Pero Santiago Abascal debería saber también que las coles de Bruselas son genuinas de Bélgica y, sin embargo, muchos españoles nos morimos por ellas. ¿Y el queso?, al que los franceses denominan fromage cuando a simple vista, según manifiesta el ilustre templario, se ve perfectamente que es queso. ¿Acaso son mejores que los nuestros del Roncal, de Cabrales o Manchego, por ejemplo? ¡Ni por asomo!, apostilla su lugarteniente Ortega Smith.

Abascal: por no hablar, no hablaremos ni del flamenco, ni de la fiesta taurina, ni de la Feria de Sevilla y, ni siquiera, tampoco de nuestras mujeres, tan envidiadas por el resto de países europeos no sólo por su exquisita belleza, sino, además, según tú, por abnegadas amas de casa, madres y esposas como Dios manda que es la mejor manera de ser una auténtica mujer y a las que Vox, sin ir más lejos, dice proteger a su manera del maltrato doméstico, de la violencia de género, de la paridad en el empleo y, sobre todo, de la interrupción del embarazo, lo que las coloca a la cabeza de las exigentes libertades individuales femeninas, según los espurios argumentos de tu partido.

Abascal: si lo que pretendes es sólo que seamos tan genuinamente españoles, incluyendo a los canarios y canarias, ¡Que venga nuestro Señor y lo vea! ¿No crees? Tú, que te consideras tan católico y ungido por la misma gracia de Dios.

zoilolobo@gmail.com

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