Indecisos todavía

No esperábamos nada mejor de los candidatos, en cuanto a oradores se refiere, que nos pudiese haber ofrecido serias esperanzas de consolidar un paupérrimo gobierno que hasta ahora sólo arrastra fundadas dudas sobre la eficacia que se espera de él para la próxima legislatura.

Entre el historial de corrupción sin límites del gobierno anterior, además del espionaje practicado descaradamente a la oposición en beneficio de mantener al pairo la nave sin patrón en la que se convirtió el PP por la moción de cesura que tuvo que padecer su piloto por parte de la oposición, ya no cabe la menor duda de que hay que proceder con la contundencia de la que adolecen la mayoría de candidatos, si exceptuamos la dignidad con la que Pablo Iglesias, al frente de Podemos, pretende favorecer con su política doméstica a la clase trabajadora y a los jubilados, entre otros.

El neoliberalismo del que tanto presumen ciertos economistas vinculados a grandes empresas y multinacionales, no consigue todavía paliar las serias dificultades económicas por las que atraviesa el país y que perjudica, sobre todo, a las clases más necesitadas, privándoles de un estado del bienestar imprescindible para la recuperación económica a base de, también, mayor consumo como consecuencia de mejores salarios.

El único de los cuatro que ha abordado este espinoso tema sin ambages, ha sido, precisamente, Pablo Iglesias, quién no ha dudado en ningún momento en prescindir del miedo que supone para otros políticos enfrentarse a la poderosa banca y a las altísimas rentas de un sector privilegiado de la sociedad española que sólo contribuyen en una proporción inversa a su riqueza al sostenimiento de las precarias arcas del estado, sin esperanzas por su parte de poder alcanzar el objetivo final que le guía a favor de la clase trabajadora.

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La hipocresía de la clase política en general se pone de manifiesto cuando la derecha española comienza a advertir, voz en grito, a los más ricos del peligro que corren a manos de los comunistas si éstos lograran alcanzar el poder por sí mismos o en coalición con algún otro partido que les necesitara por encima de todo. Este es el caso en el que se puede encontrar el partido socialista y del que todo el mundo sospecha de que una alianza ideal sería la de optar por Podemos como socio y no, precisamente, hacerlo por Ciudadanos. Pero, hasta ahora, Pedro Sánchez parece no haberse decidido por ninguno de los dos, aunque ayer precisara que trataría de no hacerlo con quién, precisamente, le ha tendido un “cordón sanitario” a su gestión de gobierno. De modo que resulta esperanzador para los simpatizantes del PSOE que Sánchez no se conduzca esta vez contra natura, eligiendo a Ciudadanos como muleta para formar un convaleciente gobierno a la sombra de alguien tan poco de fiar como es el caso de Albert Rivera.

A muchos indecisos les apasiona especular estos días con las variadas posibilidades reales que les ofrecen los distintos partidos a la hora de formar gobierno pero, hasta el momento, parecen no tener nada claro lo que se vislumbra en el horizonte político pese a tanto debate y a tanta campaña por parte de los candidatos. Y por las encuestas y sondeos, ellos además saben que pueden inclinar la balanza en favor de unos u otros, según les convenga.

zoilolobo@gmail.com

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