Ocho de marzo

Esta última semana no me he sentido especialmente agredido por la clase política como en tantas otras ocasiones. Habrá sido porque no estaba del todo predispuesto a ello si exceptuamos la más que airada intervención del hispano argentino Javier Ortega Smith, secretario general de Vox, en el parlamento europeo, donde aprovechó su turno para ofrecer una clase magistral de Historia de España al afirmar rotundamente que: “gracias al triunfo de nuestras tropas en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) así como en la de Lepanto (1571) además de la intervención del emperador Carlos V a lo largo de su glorioso reinado, todas las señoras en esta sala vestirían hoy en día el burka”. 

Da la impresión de que con estas rotundas afirmaciones, Ortega Smith haya querido expresar el deseo insólito de congraciarse ahora con el Movimiento Feminista al especular con la posibilidad de la mala suerte que hubiéramos corrido los españoles y, en especial las mujeres, de no haber logrado ser ganadores de estas cruentas batallas mencionadas, libradas en los siglos XIII y XVI, respectivamente.

La plana mayor de Vox  aún no se ha dado cuenta ni por vencida de que las mujeres en general no sólo han aspirado a verse libres del dichoso burka en sus países de origen sino que también, junto a las aspiraciones de sus colegas occidentales, han deseado siempre desprenderse de igual modo de algo tan parecido a esa prenda de vestir como de coercitivos puedan ser los muchos y distintos prejuicios que, por razones de sexo, trabajo, economía, estudios, paridad, etc., todavía hoy continúan sufriendo y que, afortunadamente, se encuentran cada vez mucho más cerca de poder ser solucionados gracias al tesón y al trabajo de una serie de distintos colectivos que el día 8 de Marzo se manifestarán en toda España secundando la huelga general que se prevé para ese día.

Canarias, Criterios, Opinión

En otro orden de cosas y en cuanto a la naturaleza de la discusión habida en vísperas de la reentré de Pablo Iglesias a la política activa del país, difiero mucho del discurso que sus propios compañeros de partido han hecho de su presencia única en el cartel que anunciaba su inminente y esperado regreso.

Si no fuera porque algunos creen que personaliza demasiado la figura de Pablo Iglesias, el cartel diseñado expresamente para anunciar su regreso a la actividad política me parece excelente. Sencillo, contundente y simbólico. El hecho de aparecer de espaldas aunque reconocible frente a la multitud, le despoja, en mi opinión, de toda intención de protagonismo que muchos han querido ver en él y por lo que ha sido injustamente criticado. La valentía del puño en alto pone de relieve y sin ambages el carácter y la connotación no solamente de un dirigente de izquierdas comprometido con sus ideales sino también con la filosofía del partido que lidera. El eslogan tan simple y al mismo tiempo tan elegante (Vuelve) juega con el pronombre de su liderazgo indiscutible, máxime, cuando durante su ausencia obligada, su más directo rival, Íñigo Errejón, le jugó la mala pasada de presentarse por su cuenta y riesgo, a espaldas del partido y del mismo Iglesias, como candidato a la presidencia de la comunidad de Madrid aupado a esa plataforma conocida con el nombre de Más Madrid.

zoilolobo@gmail

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