Reflexiones sobre un derecho

Desde hace ya algún tiempo vengo reflexionando sobre la imperiosa necesidad de analizar la postura tomada por muchos que como yo mismo nos estamos viendo implicados, directa o indirectamente, en relación al llamado procés en Cataluña y que por el hecho de vivir y trabajar allí nos afecta de manera tan emocional.

¿Qué derecho nos asiste a resistirnos a la voluntad tomada por cientos de miles de catalanes a elegir el futuro que más les conviene?

No siempre he defendido ese derecho, aunque cuando lo he hecho siempre me he referido a las formas de los responsables políticos y no a ese otro derecho que asiste a la voluntad de gran parte de los catalanes que se ven implicados en la consecución de un futuro que ellos consideran mejor para sus intereses. No sólo desde el punto de vista económico sino, desde ese otro emocional que lo distingue como pueblo, como es su propia cultura, su lengua, sus tradiciones, etc., etc.

De modo que creo y sostengo que de la misma manera que no me considero un “patriota” porque nunca tuve la oportunidad de serlo en la medida que pretendía el régimen dictatorial bajo el que nací entonces, si admito sin embargo haber contribuido aunque de manera modesta al advenimiento de una tardía democracia bajo la que ahora me toca vivir en libertad y por lo tanto aceptar el deseo y el derecho que les asiste a elegir también su futuro a los miles de catalanes que se manifiestan en su favor cada día; que son muchos.

¿A quienes y por qué les importa tanto que Cataluña alcance lo que muchos consideran que es mejor para sus intereses particulares? Esta es una pregunta que a mí como a otros muchos no nos quita el sueño porque consideramos que nuestro propio futuro no depende en absoluto de ese otro futuro que desean alcanzar los catalanes para sí mismos.

De manera que si alguna vez afirmé que la tierra que me vio nacer ya se encontraba en manos de otros cuando mi madre dio a luz en unas condiciones deplorables, también admitiré ahora que soy lo suficiente mayor y responsable para admitir que cada uno pueda establecer sus particulares estrategias, necesarias todas ellas para tratar de alcanzar aquello que yo, por suerte o desgracia, nunca pude elegir para mi mismo ni tampoco exigir en favor de mi derecho a vivir mejor entonces.

Ese sentimiento falso de patriotismo es el que nos ha conducido a cometer errores como los acontecidos en el pasado y el mismo falso patriotismo que nos asiste al considerar ahora que los catalanes están exigiendo algo a lo que jamás tendrán derecho en virtud de, según algunos, una ¡España Grande y Libre!

No pretendo con ello herir susceptibilidades ajenas sino enmendar un error de bulto que he venido cometiendo por mí mismo a lo largo del tiempo y cuyo resultado ha terminado por incidir de manera involuntaria en el amor propio y estado emocional de los catalanes aludidos a lo largo de estos últimos meses.

zoilolobo@gmail.com

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