Tsunami sofocado

La Plaza Cívica de la Universidad Autónoma de Barcelona./UAB

Hora y media, aproximadamente, ha tardado el autobús en el que viajaba hoy en cubrir la distancia que media entre Sant Feliú de Guixols, donde actualmente vivo, hasta la Estación del Norte en Barcelona, muy cerca del Arco del Triunfo. Los pasados días no había podido hacerlo debido a los tumultos acaecidos y que todos ya conocemos, pero hoy, una vez apeado ya del autobús, he querido recorrer a pie la distancia que me separaba desde la estación hasta Foto Casanova, siguiendo el itinerario que me llevaría a través de la Ronda de San Pedro hasta lugares tan conocidos como la Plaza de Urquinaona para, atravesando Vía Layetana, alcanzar la Plaza de Cataluña y ya finalmente, en Ronda Universidad, retirar del establecimiento mentado mi Nikon D70 ya reparada.

A lo largo de todo el recorrido y en particular entre Plaza de Urquinaona y plaza Cataluña aún yacen las huellas de lo que fueran batallas campales nocturnas entre policía y violentos. En los cruces de estas arterias el fuego dejó su impronta sobre el pavimento rodado y en algunas terrazas alguien continuaba retirando toldos chamuscados y sustituyendo vidrieras por otras nuevas. Una enorme llaga de cemento visto en el suelo de Urquinaona aún recuerda que aquel lugar estuvo no hace mucho cubierto de grandes losetas cuadradas que finalmente arrancadas, sirvieron de eficaz munición para hacer retroceder a una policía huérfana de la que no se fiaba ni el propio Joaquín Torra y que bajo el fuego enemigo muchos de ellos han acabado repartidos por distintos hospitales de Barcelona.

Esta mañana misma, la Vía Layetana, desde la Plaza de Urquinaona hasta la Jefatura Superior de Policía, había sido cortada esta vez por la Guardia Urbana, ignorante yo de la visita que hoy tenía prevista el presidente en funciones con las autoridades policiales y los distintos números heridos en los últimos enfrentamientos y aún hospitalizados. Por todo lo demás, la gente continuaba con su rutina diaria como si lo vivido aquellas últimas noches no hubiera sucedido jamás. Seguramente porque para muchos se trata simplemente de un tsunami imaginado por todos y cada uno de los actores de semejante fracaso democrático y político.

Parece imposible que, en lugar de hacerlo mucho antes de todo lo ocurrido, el señor Torra exija ahora, cuando a él más le conviene, un encuentro naif con el presidente en funciones para tratar de minimizar con su tardía actitud todo el daño que ha sufrido Barcelona no sólo ya en lo económico, que es mucho, sino también en lo moral, al tratar por el mismo rasero a todo el conjunto de la sociedad civil catalana.

Con la cámara de nuevo en la mano, he tenido la sensación de haber llegado tarde y el último. Todo ya había acabado y me sentía un perfecto intruso, allí en medio de Barcelona, sin haber sufrido todo el daño que tuvieron que padecer los barceloneses estos últimos días. Me parecía ya tarde para tomar fotos después de la tormenta y, con la misma, decidí abandonar el lugar sin disparar una sola instantánea porque aquella realidad ya no la consideraba mía, ya no me pertenecía ni como ciudadano ni como fotógrafo.

zoilolobo@gmail.com

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